viernes, diciembre 16, 2011

¿POR QUÉ TAN CORTA MEMORIA?
Por: Bertha Balestra

Gran revuelo han causado los titubeos del precandidato presidencial Enrique Peña Nieto en sus recientes entrevistas con el periódico El País. En especial el asunto de su desmemoria acerca de los títulos y autores de tres libros importantes en su vida. Sin ánimo de exagerar, sino de poner las cosas en perspectiva, cabe calificar como preocupante el que alguien que aspire a ocupar el primer lugar en la sociedad, se encuentre alejado de la lectura. Sin embargo, podría asegurar que el precandidato en cuestión, aunque no se trate de un lector asiduo, ha tenido que leer, aunque sea por obligación escolar, tres o más libros en su vida.


Ahora bien, no deberíamos sorprendernos de que un mexicano no se sienta marcado por la lectura, comparte la distancia con los libros y con la cultura en general, la mayoría de la población de nuestro país. Es una sorpresa, eso sí, para quien esto escribe, que el ex gobernador haya olvidado los logros de su propia gestión en materia cultural. Tal vez –como se percibía durante su administración— era tanto el esfuerzo de la gente de su oficina por mantenerlo alejado de “personas peligrosas o asuntos irrelevantes que lo molestasen”, que realmente lo aislaron de lo que ocurría en las calles, en las comunidades, entre la gente que gobernaba… y lejano aún de sus colaboradores, de quienes realizaban con entrega y pasión el trabajo que enaltecería la figura de su jefe. A muchos de ellos se les ha olvidado o reconocido poco. Tal parece ser el caso de quienes orquestaron, de manera más que “eficaz”, un proyecto cultural ambicioso, incluyente tanto a nivel territorial como en cuanto a infraestructura y expresiones culturales y artísticas. Se diría que cuando el entonces gobernador se presentaba a inaugurar espacios culturales, a presidir eventos de este rubro o regalaba libros, CDs, piezas de artes gráficas producto de los creadores de su estado, su espíritu estaba ausente, su mente divagaba en otras dimensiones más importantes para él.


Qué pena que no haya podido recordar ninguno de los más de 600 títulos que llevan el sello de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, ni el apelativo o la obra de alguna pluma del Estado, comenzando por el rey poeta Nezahualcóyotl o la Décima Musa.


¿Dónde queda la tradición de políticos mexiquenses cercanos a la cultura, verdaderos intelectuales como Isidro Fabela? ¿Quién no sabe que a Salvador Sánchez Colín, a Emilio Chuayfett, a Mario Ramón Beteta, a Ignacio Pichardo, a Alfredo Baranda, a César Camacho, les complacía rodearse de intelectuales y artistas?


Por fortuna, acercarse a la cultura, abrir los libros y leerlos, es una acción que puede comenzar hoy mismo, no requiere más que voluntad de hacerlo. Porque como todos los grandes placeres de la vida, una vez probado es difícil, casi imposible, de abandonar. Creo que Enrique Peña Nieto tiene la inteligencia necesaria para aprender de los tropiezos, que si voltea, como seguramente lo hará, hacia el mundo de la cultura, encontrará un universo fascinante, un valor que puede terminar con muchos de los grandes problemas nacionales.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Te dirá Peña Nieto: "No me ayudes comadre!!!"

Encomiable tu defensa de lo indefendible!

 
 
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