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Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

domingo, agosto 06, 2017

LA PÉRDIDA DE TEXAS

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES


Hablábamos hace poco, amigos, de lo larga que es la historia de nuestros conflictos fronterizos con los Estados Unidos. Recordemos hoy cómo fue que el estado de Texas pasó a ser, de territorio mexicano a Estado de la Unión.
         Como sabemos, desde principios del siglo XIX los Estados Unidos iniciaron su expansionismo hacia el Este y Sur de su espacio original, aquel territorio conocido como las Trece Colonias que en 1776 había declarado su independencia del Reino Unido, se disponía a expandir sus dominios hasta el Océano Pacífico. El avance tuvo sus orígenes en 1803, cuando la primera nación independiente de América compró a Napoleón el inexplorado territorio francés conocido como Luisiana, con el que de inmediato duplicaron su demarcación; posteriormente, en 1819, los primeros problemas fronterizos de la entonces llamada Nueva España y su vecino del norte dieron como resultado la compra de la Florida a los españoles quienes reclamaron la soberanía sobre el territorio de Texas, el cual, según los estadounidenses, pertenecía a la Luisiana. El conflicto tuvo su final mediante el Tratado Adams-Onís en el que el representante de la corona española, Luis de Onís y el secretario de estado, John Quincy Adams, fijaron una nueva demarcación entre los dos países. En el territorio conocido como la Florida vivían ciudadanos españoles quienes se vieron obligados a cambiar su residencia a causa de la negociación, por lo que en los últimos años del gobierno virreinal se les otorgaron concesiones de tierras en Texas y Coahuila junto con la exención de impuestos como una posible solución al problema de inconformidad ciudadana; se pretendía así poblar los terrenos más alejados de la colonia española.
         Después de algunos años y ante las concesiones que España daba a sus súbditos, algunos ciudadanos americanos vieron la ambiciosa posibilidad de emigrar a nuestro territorio; solicitaron permiso a la Corona Española para cruzar la nueva frontera y establecerse en Texas, bajo protesta de obedecer sus leyes y practicar la religión católica a cambio de poblar la lejana zona y gozar de dichos beneficios, el cual les fue otorgado. Poco a poco la población angloamericana ocupó mayores extensiones de tierra y violó los acuerdos revalidados durante el efímero Imperio de Iturbide y la primera República Federal.
         Con la promulgación de la Constitución de 1824, Texas quedó unido a Coahuila y perdió su soberanía. Esto causó varios problemas adicionales, entre ellos el que las nuevas leyes federales y estatales prohibieron la esclavitud, que en Texas era práctica corriente. Por otra parte, los norteamericanos abusaban de la falta de control en las fronteras y exigían un nuevo plazo para extender el mayor tiempo posible su derecho a no pagar impuestos por cruzar hacia México, privilegio adquirido durante la Colonia. El gobierno mexicano, al inspeccionar la mencionada situación en sus confines, miró con desagrado las acciones de los concesionarios y decidió prohibir temporalmente la entrada a los norteamericanos.         En 1832 instaló una aduana en la frontera para la recaudación de impuestos, la cual, después de varias protestas, fue cerrada y reabierta hasta 1835.
         Mientras tanto, en el centro del país se acrecentaba la disputa política entre conservadores y liberales –centralistas y federalistas, respectivamente– lo que ocasionó el descuido de nuestros límites territoriales; los colonos que en un principio juraron lealtad a las leyes españolas y después a las mexicanas, se convirtieron en rebeldes que sembraron la idea de separar a Texas de la República Mexicana, argumentando no tener ideales comunes con el resto de los estados, ni compartir características como el idioma, la religión y la práctica de la esclavitud, importantísima para el cultivo de los campos de algodón, una de sus principales fuentes de riqueza. Asimismo, insistían en la exención del pago de impuestos fronterizos.
         En octubre del 1835 la república adoptó un sistema centralista y se dividió en departamentos, bajo el argumento de un mayor control político del territorio. De inmediato los separatistas de Texas declararon abolido el pacto federal y pidieron apoyo al gobierno de los Estados Unidos. Tras este suceso, y violando nuestros estatutos, una gran desbandada de norteamericanos cruzó nuestros límites en busca de un pedazo de tierra e incentivando la independencia del estado del norte. Ante ese intento, el entonces presidente de México, Antonio López de Santa Anna marchó sobre ellos al frente de un ejército improvisado y sin preparación militar, con el que trató de detener esta afluencia y someter a los rebeldes. Finalmente, el mandatario fue hecho prisionero y aunque en nuestras leyes estaba dispuesto que los rehenes no pueden dictar órdenes, Santa Anna envió la orden de retirada al general Vicente Filisola, lo que causó nuestra total derrota en Texas. El 2 de marzo de 1836, mediante los Tratados de Velasco, se reconoció la emancipación de los texanos.
         Algunos años después, en 1844 se iniciaron las negociaciones para la anexión de Texas a la Unión, proceso que se concluyó en julio de 1845.

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