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Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

domingo, agosto 06, 2017

LOS JUDÍOS DESCONOCIDOS


DE LIBROS Y OTROS PLACERES 
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El complejísimo conflicto que se dirime en Palestina exacerba de nuevo, en todo el mundo, sentimientos antisemitas, esa animadversión que muchos han sentido, desde hace siglos, por el pueblo judío. Sentimiento que explotó y utilizó, durante el siglo pasado, el movimiento nazi para manipular al pueblo alemán y sus aliados y embarcarlos en un holocausto que todavía hoy, a más de medio siglo, sigue avergonzando a la humanidad.
         En efecto, este 6 de agosto, se cumple un año más de un hecho bélico sin precedentes: el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, al que siguió otra sobre la ciudad de Nagasaki, dejando un saldo de muerte y destrucción nunca antes visto por la humanidad.  Con esto se puso fin a la guerra más sangrienta de la historia, que reunió víctimas en varios rincones del planeta. Las muertes de esos japoneses, casi todos civiles, se sumaron a los 6 millones de víctimas judías, también civiles de todas edades, en los campos de exterminación nazis. Deleznables hechos que nos muestran la terrible crueldad de que somos capaces los humanos, la posibilidad de la demencia colectiva y nuestra fatídica tendencia al racismo.
         Concerniente al racismo, el tema del antisemitismo es complejo, ancestral y atañe a casi toda la humanidad.  Desde los capítulos más antiguos de su historia, los judíos se han visto obligados a abandonar países como Mesopotamia, guiados por Abraham, Egipto, tras su líder Moisés; España, Portugal y sus colonias, en tiempos de los Reyes Católicos; el Imperio Ruso, en la época de los Progroms y la Europa nazi, persecución que desembocó en el Holocausto.
         El pueblo judío de la Diáspora (es decir, disperso o “regado” por el mundo), tiene características que le han permitido sobrevivir a través de milenios, conservar su cultura y también, ser odiado por muchos.  Una de ellas es la unión y solidaridad al interior de estas comunidades, que además entran en auxilio de sus semejantes de lugares remotos cuando los amenaza el peligro.  Otra, que los convierte en el blanco de las críticas, es su innegable éxito económico dondequiera que emprenden sus negocios. Además, la vocación de excelencia: entre los profesionales más brillantes de diversas áreas (médicos, científicos, políticos, humanistas, artistas), siempre figuran los judíos. Alegan sus historiadores que han sido judíos los hombres que han cambiado al mundo, y yo nada más enuncio algunos nombres: Moisés, Jesucristo, Cristóbal Colón, el arzobispo Torquemada, Carlos Marx, Albert Einsten, Isaac Newton, el propio Hitler, Sigmund Freud, Henry Kissinger.
         De lo que pocos estamos conscientes, es de tener, casi todos, algún antepasado judío en nuestro árbol genealógico. Aún sus enemigos árabes comparten con ellos nada menos que al padre Abraham.
Traduzco aquí un fragmento del libro Les juifs, de Roger Peyrefitte, que ilustra contundentemente el tema en cuestión: 
El 1º. de enero de 1963, fiesta de la Circuncisión de Nuestro Señor, el General De Gaulle no pensaba, sin duda, en sus ancestros los judíos Kolb, el Canciller Adenauer en sus ancestros los judíos Adenauer, el Presidente de la República Italiana en sus ancestros los judíos Segni, el Rey de Suecia en su ancestro mitad judío Bernardotte, el Ex rey de Italia en sus ancestros maternos los judíos montenegrinos Petrovitch Niégoch, el Archiduque Otto de Habsburgo en su antepasada la judía Henríquez, madre de Fernando el Católico, el Rey de los belgas en su antepasada la judía Pereira de donde descendía su bisabuela Bragance, el Príncipe Bernhard de los Países Bajos en su antepasada la judía Pacheco; la Reina Elizabeth en sus ancestros maternos, los judíos Bowes-Lyon, el Duque de Edimburgo en sus ancestros los judíos Haucke, tampoco en la Casa Blanca, el Presidente Kennedy pensaba en sus ancestros los judíos Kennedy y el Vicepresidente Johnson en sus ancestros los judíos Johnson. (…)  En la Habana, Fidel Castro probablemente no pensaba tampoco en sus ancestros los judíos Castro ni en Madrid el General Franco en sus ancestros los judíos Salazar. Al lado de estos ilustres personajes, gloria de la conservación del prepucio, el jefe del Estado de Israel, Ben Zvi, constituía una figura de piedra, figura agua-fiestas porque podría decir a cada uno de ellos: “¡Acuérdate!”.
         Hoy que el mundo exhibe y, con sobrada razón, rechaza las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania, hago un llamado a la conciencia de sus autoridades, les pido voltear hacia las enseñanzas del antiguo rabino Ben Hilel que decía: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti, y les digo: “¡Acuérdate!”

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