Mis novelas

Mis novelas
Mis novelas

Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

lunes, enero 08, 2018

SAN JUAN DE ULÚA

-->
DE LIBROS Y OTROS PLACERES
-->

         El puerto de Veracruz es, sin duda, uno de los sitios con mayor encanto en nuestro país.  El ambiente festivo, la simpatía de su gente, el calorcito húmedo y la sensación constante de abundancia que permite no temer ni a los famosos “nortes”, pues siempre habrá qué comer: los mangos volverán a dar fruto, lo mismo que los plátanos, los naranjos y esos frutos amarillos, de cáscara muy dura que acá no se conocen: los “jaimitos”.  Pasado el temporal, volverán las redes a llenarse de peces y mariscos y seguirán llegando y saliendo barcos mercantes, como en los tiempos coloniales.
         Y de esos gloriosos tiempos novohispanos data el fuerte de San Juan de Ulúa, edificado durante la colonia temprana, como sitio estratégico para la defensa de las nuevas tierras de la corona española, construcción hermana de los castillos de San Felipe del Morro en Puerto Rico y Los tres Reyes del Morro, en la Habana, Cuba.  Verdaderos castillos estilo medieval, inexpugnables para las armas de aquellos tiempos.
         Los muros de San Juan de Ulúa no son de piedra; son bloques provenientes del arrecife, cortados a mano.  Imaginar ese trabajo, sin herramientas motorizadas como las de hoy, resulta alucinante; hacen parecer insignificantes las décadas que lleva una construcción de esa magnitud.
Esos muros gruesísimos, porosos, funcionan como esponjas tanto del agua del mar como de la lluvia, y provocan un goteo continuo en el interior del castillo.  Tales gotas forman estalactitas y estalagmitas, de la misma manera que en las cavernas. 
         Además de su función defensiva, el fuerte de San Juan de Ulúa se utilizaba como almacén provisional de las mercancías que se embarcarían hacia el viejo continente y de las que llegaban de allá, mientras eran conducidas al interior de nuestro territorio.
         Su más legendaria función ha sido la de prisión.  Por sus celdas oscuras, húmedas y malolientes, han pasado, a través de los siglos, un gran número de personajes de nuestra historia, entre ellos el propio Benito Juárez, cuando cayó en desgracia del general Santa Anna por no haberlo dejado cruzar por Oaxaca.  También son el escenario de leyendas fascinantes, como las de la mulata de Córdoba y la de Chucho el roto, los únicos que, dicen, han logrado escapar del islote rodeada de aguas donde habitaban cientos de tiburones ávidos de carne humana.
         La mulata había sido aprendida por la Inquisición allá por el siglo XVII, acusada de brujería.  Acusación que seguramente provenía de la envidia: era bella, inteligente, con conocimientos de medicina natural, que le permitían elaborar pócimas para aliviar los males de la gente que acudía a ella.  Además, cuenta la leyenda que la mulata acudía diariamente a misa, daba limosna a los pobres y tenía el don de la ubicuidad, es decir, podía estar en más de un lugar al mismo tiempo.
         El tribunal de la Inquisición la condenó a morir en la hoguera.  Esperaba su sentencia en una de las mazmorras más inhumanas de San Juan de Ulúa, vigilada por un custodio que no consiguió escapar a su atracción.  Poco antes de su ejecución, pidió al hombre que le consiguiera un pedazo de carbón, para hacer un dibujo en el muro.   En cuanto lo tuvo en sus manos, comenzó a pintar un barco.  Unas horas después llamó nuevamente al  guardia.
--¿Qué te parece? –le preguntó.
--Asombroso.  Sólo le falta navegar –respondió él, atónito ante la perfección de aquella pintura.
--Ahora lo hará –afirmó la Mulata y ante el asombro del guardia subió al barco y salió en él, entre los barrotes de la pequeña ventana, a reunirse, dicen, con su amo: el Demonio.
         La otra fuga legendaria de la antigua fortaleza, es la de Chucho el Roto, el bandido que robaba a los ricos para repartir entre los pobres y quien, según cuenta la leyenda, salió gracias a su amante, Matilde de Frizac, quien dio dinero aL verdugo para que fallara el disparo y consiguió sacarlo, habiendo sido dado por muerto, en su propio féretro.
         Vale la pena visitar San Juan de Ulúa.  Ahí, en la oscuridad de las celdas que han sido bautizadas con los sugerentes nombres de: el cielo, el limbo y el purgatorio, bajo las goteras de sus techos abovedados, el ambiente es propicio para dar crédito a estas leyendas y a cualquier otra. 
         Es hermosa también su plaza de armas, con la fachada neoclásica de la Casa del gobernador, el puente del último suspiro, sus torreones y almenas.  Con razón a don Venustiano Carranza le encantaba pernoctar allí, con razón Benito Juárez también quiso volver y hospedarse en el lugar, ya como presidente de la República.
         San Juan fue el primer sitio conocido por un viajero español: Juan de Grijalva, el último bastión del dominio de ese imperio europeo en nuestro territorio.  El lugar donde puso por primera vez pie en sus fugaces dominios Maximiliano de Habsburgo y el último territorio mexicano que vio don Porfirio perderse en el horizonte mientras se alejaba en el Yipiranga hacia el exilio.  

LOS TAMALES


DE LIBROS Y OTROS PLACERES 


¡Qué sabroso! En este interminable calendario gastronómico, apenas dejamos atrás la deliciosa rosca de reyes y ya estamos pensando en uno de los manjares tradicionales de nuestra gastronomía autóctona: los tamales. Ese maravilloso invento de nuestros lejanos antepasados, que ellos llamaban tamalli, consiste en una ración de masa de maíz mezclada con manteca, bien batida y rellena con algún guisado, generalmente de carne o pollo en mole o en salsa, quizás las rajas de chile poblano, o cualquier otra delicia que la creatividad de quien cocina, discurra en el momento. Luego, bien envueltos en hojas de maíz, a veces de plátano, se cuecen al vapor y así, calientitos, se pueden comer solos, acompañados con frijoles o con salsa, crema, queso y algún guisado, al estilo Michoacán.  ¿O qué tal una torta de tamal verde, la famosa “guajolota”, acompañada de atole, antes de llegar al trabajo?
Hay evidencias arqueológicas de este alimento en varias culturas de Mesoamérica y Sudamérica, pero en ningún lugar del continente hay tanta variedad de tamales como en México.
De acuerdo con Fray Bernardino de Sahagún, los tamalli estaban relacionados con algunas fiestas religiosas. Uno de los rituales más significativos para los aztecas era la fiesta del Atamalcualiztli (tamales de agua). En esta festividad, que duraba siete días, se realizaba una especie de ayuno, en donde únicamente se comían tamales simples de masa, cocinados al vapor, sin chile ni sal u otras especies o aderezos. Dicha celebración se realizaba cada ocho años, por considerarse ésta la vida ritual del maíz, durante la cual había sido desollado con sal y cal, trabajado y aderezado con chile. Durante el ritual se libraba al maíz, al menos por esos días, de tal tortura.
 También en la festividad de Izcalli, al final del año, las mujeres distribuían tamales a sus vecinos y familiares desde el amanecer. En esta misma festividad se realizaba un ritual donde se preparaban tamales especiales de amaranto. Algunos de estos manjares se ofrecían al dios del fuego y a los difuntos, y otros se consumían muy calientes, junto con caldo de camarones o acociles. Los jóvenes ofrecían al dios del fuego animales que ellos mismos cazaban, y los sacerdotes les entregaban a cambio tamales calientes cocidos, simbólicamente transformados por el fuego.
Se consideraba a los tamales como el equivalente simbólico a la carne humana, y la olla o comitl donde se preparaban, significaba el vientre materno. También se usaban los tamales en los rituales de matrimonio, en donde después del amarrado de túnicas, la futura suegra le daba a la novia cuatro bocados de tamal, y luego la novia le daba de comer a su novio. Después del nacimiento de un niño, se hacían ofrendas de este alimento.
Además, los tamales secados al sol eran parte de los alimentos suministrados a los guerreros en campaña contra otros reinos o ciudades.
Actualmente, aquí en el Valle de Toluca, la costumbre de comer tamales durante todo el año está bien arraigada; no son exclusivos de la fiesta de la Candelaria ni de ninguna otra. Hay gran variedad de ellos y muchos lugares en donde se expenden tales delicias.

LA EPIFANÍA

DE LIBROS Y OTROS PLACERES
      El 6 de enero, al que llamamos Día de Reyes, se celebra la fiesta cristiana de la Epifanía, es decir, la manifestación sobrenatural de Jesús. El Nuevo Testamento se refiere a la entrada de Cristo en el mundo como la del emperador que viene a tomar posesión de su reino. Es, entonces, la fiesta de la iluminación, de la luz espiritual y la claridad de mente.
    Conocemos la leyenda de los reyes sabios de Oriente que, siguiendo una estrella, encontraron a Jesús y, reconociéndolo como el rey de reyes, le ofrecieron presentes propios de su posición: oro, incienso y mirra.
    Antes de que la cultura norteamericana nos inundara de los simpáticos santacloses con sus trineos jalados por rodolfos renos, el día de Reyes en nuestro país era la fiesta más esperada por los niños, pues eran los principales proveedores de dulces y juguetes para quienes se habían portado bien durante el año.
    La Epifanía es una de las celebraciones litúrgicas más antiguas, más aún que la propia Navidad. Se ha festejado en Medio Oriente y en Italia desde el siglo IV de nuestra era.
    A la Nueva España, como a todas las colonias del antiguo imperio de los Habsburgo, llegó, junto con la evangelización, la tradicional fiesta del Día de Reyes. Allá, en la Madre Patria, todavía hay lugares donde la víspera, los Reyes realizan una cabalgata por las calles, cargados de regalos, para encantar y asustar a muchos niños que, seguramente, no podrán conciliar el sueño. También de España nos viene la deliciosa costumbre de partir la rosca (o roscón), acompañada de chocolate espumoso. Platillo que, por cierto, no es originario de la Península Ibérica, sino de sus vecinos franceses, que la llaman gallette du Rois, y es plana, hecha de pasta de hojaldre.
    La ciudad de Lima, en el Perú, lleva el sobrenombre de Ciudad de los Reyes, pues fue fundada por Francisco Pizarro un 6 de enero. Allá, la celebración se denomina “Bajada de Reyes”, y consiste en desmontar el nacimiento y guardarlo mientras se convive con la familia y amigos.
    Pero es en Italia donde la Epifanía tiene una figura muy original: una especie de bruja buena, conocida como La Befana, cuya estampa coincide exactamente con la de las brujas de Halloween: nariz de gancho con verruga, es chimuela, mechuda, usa un gorro de pico y porta una escoba que es su medio de transporte aéreo. La Befana se encarga de premiar a los niños buenos llenando sus calcetas con dulces y regalos, y de castigar a los mal portados con una buena cantidad de carbón dentro de esas medias.
    Este personaje esperado y, a la vez, atemorizante, fue ideado por la cultura popular para fundir, como en todo sincretismo, la fiesta pagana de la diosa Strenia, con el cristianismo extendido en el Imperio romano a partir del reinado de Constantino.
    En la imaginación popular, esta Befana fue una generosa ama de casa que hospedó a los Reyes Magos cuando seguían la estrella en busca del pesebre de Belén. Agradecidos por sus atenciones, los magos la invitaron a unirse a su expedición y conocer al Rey de Reyes. Ella declinó la invitación, pues no podía descuidar sus quehaceres domésticos. Sin embargo, arrepentida de su decisión, salió al caer la noche a tratar de alcanzarlos. Durante su búsqueda, no dejó de obsequiar golosinas a cada niño bueno con que se topaba y carbón a cada criatura desobediente.
    Hay varias canciones y poemas populares dedicados a esta bruja de la Epifanía. Por ejemplo, esta estrofa muy conocida:
La Befana vien di notte
Con le scarpe tutte rotte
Col vestito a la romana
Viva, Viva La Befana!
(La Befana viene de noche
Con los zapatos todos rotos
Con el vestido a la romana
¡Viva, viva la Befana!



LA CANDELARIA

-->
DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Se acerca el día en que comeremos tamales, amigos, por cuenta de quienes obtuvieron el muñequito al partir la rosca de reyes. Así celebramos por aquí la fiesta de la Candelaria, el 2 de febrero, en honor a la creencia de la aparición de la Virgen en las Islas Canarias, a principios del siglo XV. Sin embargo, esta fiesta católica es muy antigua, proviene del siglo IV, cuando se instituyó para conmemorar los cuarenta días del nacimiento de Jesús, en que, de acuerdo con la ley judía, María acudió al Templo de Jerusalén para ser purificada y presentar a su primogénito.
En Roma, desde mediados del siglo VII, se instituyó la más antigua de las procesiones penitenciarias, que salía de la Iglesia de San Adriano y terminaba en Santa María la Mayor. Los participantes llevaban cirios o candelas; de ahí el nombre de candelaria.
En el sur de España, en Andalucía, se encienden hogueras, y alrededor del fuego se organiza la fiesta con bailes, comida y bebida.
Chile y Perú, especialmente la ciudad de Puno, festejan en grande, con danzas autóctonas de la región.
En nuestro país, la Virgen de la Candelaria es la patrona de pueblos y ciudades, donde las fiestas en su honor duran varios días. Destacan las celebraciones de San Juan de los lagos, en Jalisco. Allí se cree que gracias a una antigua imagen de la Candelaria, resucitó una niña que había muerto accidentalmente.
Otra festividad muy especial es la de Tlacotalpan, en Veracruz, donde el novenario da comienzo con un desfile a caballo en el que las jóvenes amazonas lucen el traje típico de la jarocha. Luego, a semejanza de la Pamplonada de San Fermín, a la orilla del río Papaloapan se sueltan varios novillos. El 2 de febrero por la tarde, a bordo de una barca, la imagen de la Virgen recorre ese mismo río, en medio de música y fuegos artificiales.
Aquí en el Valle de Toluca, como en todo el centro del país, se acostumbra llevar a la iglesia al Niño Dios, luciendo un traje nuevo, cuidadosamente confeccionado a su medida; luego, al volver a casa, se le coloca en un nicho donde permanecerá todo el año. La familia y amigos cenan tamales y atole.
Este platillo, de origen prehispánico, tiene un significado en esta fecha. Es en muchos pueblos el día de bendecir las mazorcas, para asegurar la bondad de los granos que sembrarán en el próximo ciclo agrícola. En el calendario mexica este día se llamaba Atlacahualo o Quautleoa.
Fray Bernardino de Sahagún  narra así esta tradición:
Este mes comenzaba en el segundo día del mes de febrero, cuando nosotros celebramos la purificación de Nuestra Señora. En el primer día de este mes celebraban una fiesta a honra, según algunos, de los dioses Taloques, que los tienen por dioses de la lluvia; y según otros de su hermana la diosa del agua Chalchiuhtlicue; y según otros, a honra del gran sacerdote o dios de los vientos Quetzalcóatl.
Desde entonces, según las crónicas, se colocaban tamales en las ofrendas a los dioses, palabra de origen náhuatl que significa “envuelto cuidadoso” o “niño envuelto”.
 Descripción: candelaria

viernes, diciembre 01, 2017

Sinopsis de mis novelas

VOLVER A ROMA
La tentación del poder dictatorial reside en el espíritu de todo gobernante. El esplendor del Imperio romano, la deificación de los faraones egipcios o la mágica elocuencia que convirtió a Mussolini en “Il Duce”, amado, temido, obedecido e imitado por tantos, son temas de sueños y pensamientos de los gobernantes de todo tiempo y lugar. En esta novela coinciden, mediante la magia de la literatura, la historia de Cleopatra y sus dos amantes romanos, la de Mussolini y Clara Petacci y la de un político latinoamericano de este tiempo (todo lector le pondrá nombre y cara, pues puede ser cualquiera) y una ambiciosa joven italiana encumbrada y luego perseguida por ese hombre.
Primera edición: Editorial Adarve, Madrid, 2017.

DE LA PENUMBRA AZUL EMERGIÓ EL FUEGO
Dos artistas: Gerardo Murillo (Dr. Atl) y José Torres Palomar se criaron juntos en su natal Guadalajara, durante el Porfiriato. Sin embargo sus destinos serán divergentes: Atl, afortunado, brillará en los anales de la historia. Torres Palomar llevará su arte y su miseria a Nueva York, donde fallecerá sumido en la depresión. Ambos compartían (junto con muchos otros personajes de la historia que pueblan también la novela) las ideas que conducirían a México a dos revoluciones: una, exitosa, la artística; la otra, la política y social, con asignaturas todavía pendientes.
Publicada por Editorial Planeta en 2013.

EL CUERVO Y EL HALCÓN
Las vidas de Benito Juárez y Fernando Maximiliano de Habsburgo se entrelazan bajo la mirada del Poder y la lucha por alcanzarlo. Las intrigas en las cortes europeas, así como el clima de zozobra política en que vivía México durante el siglo XIX son los escenarios en que se forman estos dos hombres tan distintos, pero a quienes el destino, el deseo de poder, convierten en rivales cuya lucha condujo a la temprana muerte del austríaco.
Primera edición Editorial Selector 2010. Primera reimpresión 2011.


FUERA DE CAUCE
Mireya es una conductora de reallity shows caída en desgracia desde que a su protector y amante le da un infarto justo el día del atentado terrorista de las Torres Gemelas. Su vida se relacionará con la de Miguel, un entrenador de gimnasio cuyo mayor sueño es participar en Big brother para lucir su esculpido cuerpo en la televisión. Carlos, un reportero, realiza una investigación sobre el peligro que representa la bóveda del río Verdiguel que corre bajo el centro de Toluca. Todos ellos coinciden en siete días cruciales, en una sociedad regida por el imperio de la televisión y la imagen personal.
Primera edición Instituto Mexiquense de Cultura 2007. Primera y segunda reimpresiones 2008 y 2009. Segunda edición Editorial Ediciones de autor 2014.


SOMBRAS EN EL MURO
La relación entre Machado y Guiomar, en realidad Pilar de Valderrama, había comenzado en 1929. Ella estaba casada y él era ya viudo y famoso, de modo que la relación se limitó inicialmente al intercambio epistolar.
Más tarde, a propuesta de Pilar, inventaron los llamados “encuentros del tercer mundo”, un juego de ilusión en el que, a pesar de la distancia, ambos creían encontrarse en el espacio inexpugnable y fantasioso de las almas enamoradas.
Las luchas políticas, luego la guerra, los separan todavía más, Pilar emigra a Portugal y Antonio queda desolado.  La esperanza se hacía cada vez más remota; Guiomar dejó de ser suya. No había vuelto a encontrarla por las noches, por más que se esforzaba, en aquel tercer mundo donde ahora él vagaba sin compañía.
Primera edición: Instituto Mexiquense de Cultura y Universidad Autónoma del Estado de México, 2005. Primera reimpresión: 2006. Segunda edición: Editorial Círculo Rojo, España, 2017.
Propuesta por el Instituto Mexiquense de Cultura para el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de la FIL en 2006.
 
EL PEZ DE ALABASTRO
Aquí convergen una historia moderna, de amor, problemas políticos y terrorismo, con la historia de los hijos del rey Herodes, en Judea y Roma del siglo I.  En la trama, una mujer mexicana llega a Judea, y presa del “Síndrome de Jerusalén”, asegura ser Herodes Antipas.  Es llevada a un hospital psiquiátrico, donde a través de sesiones de hipnosis, recuerda su vida anterior y nos relata las intrincadas relaciones de poder durante su tiempo, los sentimientos que lo movieron durante aquella existencia y describe los lugares y personajes que conoció.
Primera edición: Instituto Mexiquense de Cultura y Universidad Autónoma del Estado de México, 2003. Segunda edición Consejo Editorial del GEM dentro de la antología personal Sin tiempo, dos novelas 2013.
 
POR ESO VIVO PENANDO
Retrata la sociedad de Metepec, como paradigma de la provincia mexicana, condicionada por la situación política, económica y social del país, y por las ricas raíces históricas que la originan.  En esta obra se entrelazan vidas y problemáticas de varios personajes –unos vivos y otros “fantasmas”- para, entre todos, presentarnos un mosaico de nuestra realidad y nuestros antecedentes. Es a la vez un recorrido por el paisaje mexiquense y por la música y danza populares a través de la historia. 
La publica el Instituto Mexiquense de Cultura, en el año 2000. Segunda edición Editorial Selector, 2007. Tercera edición Consejo Editorial del GEM 2010. Cuarta edición Consejo Editorial del GEM 2015. Quinta edición Ediciones de autor 2017.
 
DONDE LA NIEBLA SE EXTIENDE
Cuentos de inspiración histórica que conforman una novela corta o nouvelle, compuesta por tres relatos; narra el enfrentamiento entre la cultura española y el pensamiento de los indígenas mexicanos. Se desarrolla en Metepec, durante los albores de la Colonia.
Publicada por el Ayuntamiento de Metepec, en 1996. Segunda edición, 1999, Editorial Morgana, S.A. Tercera edición, Ayuntamiento de Metepec, 2002. Cuarta edición Consejo Editorial del GEM, 2010. Quinta edición Consejo Editorial del GEM, dentro de la antología personal Sin tiempo, dos novelas, 2013.
 
CON UNA SOLA MIRADA TUYA
Autobiografía ficcional de la vecina de Jesús en Nazareth. Obtuvo mención honorífica en el Concurso Juan Rulfo para primera novela 1995.  Publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura y el Ayuntamiento de Metepec en 1996.


lunes, octubre 02, 2017

UN HÉROE CULTURAL DEL VIRREINATO

-->
DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Cuando pensamos en la literatura mexicana del periodo colonial solemos limitarnos a mencionar a Sor Juana Inés de la Cruz, la llamada Décima Musa, cuya genialidad, diversidad de conocimientos e intereses, se presentan a veces sin considerar el contexto, la época y a otras figuras contemporáneas de la célebre monja.
         Hoy quiero referirme a un personaje fascinante, contemporáneo y amigo personal de Sor Juana: el escritor, catedrático, científico y capellán del Hospital del Amor de Dios, don Carlos de Sigüenza y Góngora.
         Hijo de un maestro de la corte española, y emparentado con el poeta culterano Luis de Góngora, Carlos nació en la Ciudad de México en 1645. Recibió su primera educación en casa, junto con sus siete hermanos, de manos de su padre. Después ingresó colegio jesuita de Tepotzotlán para iniciar sus estudios religiosos, los mismos que continuó en Puebla. En 1667 fue expulsado de la orden por indisciplina. Regresó a la Ciudad de México e ingresó a la Universidad Real y Pontificia. En 1672 asumió el cargo de catedrático de astrología y matemáticas. Ocupó esa cátedra durante 20 años, realizando contribuciones notables, mientras desempeñaba simultáneamente el cargo de capellán del Hospital del Amor de Dios.
         En 1681 Sigüenza escribió el libro Manifiesto filosófico contra los cometas, en que trataba de calmar el temor supersticioso que provocaba en la gente este fenómeno cósmico. El jesuita Eusebio Kino criticó fuertemente este texto desde un punto de vista aristotélico-tomista, pero, lejos de intimidarse, Sigüenza respondió publicando su obra Libra astronómica y philosóphica (1690), donde fundamentaba rigurosamente sus argumentos sobre los cometas según los conocimientos científicos más actualizados de su tiempo; citando autores como Copérnico, Galileo, Descartes y Kepler.
         Imaginen cuánto tenían en común este hombre y su amiga Juana de Asbaje, con quien pasaba horas intercambiando saberes y sinsabores en el claustro de San Jerónimo. Ambos con profundos conocimientos y diversos intereses; los dos, atacados por la cerrazón, la envidia y el autoritarismo de jerarcas de la iglesia.
         Las intensas lluvias de 1691 anegaron los campos y amenazaron con inundar la ciudad, y una plaga, consecuencia de toda esa humedad, consumió los trigales. Sigüenza utilizó un aparato precursor del microscopio para descubrir que la causa de la plaga era el Chiahuiztli, un insecto semejante a la pulga. Como consecuencia de este desastre, hubo al año siguiente una severa escasez de alimentos que provocó un motín popular. Las multitudes saquearon los comercios de los españoles y provocaron incendios en los edificios del gobierno. Sigüenza logró rescatar del incendio la biblioteca de la ciudad, salvándola de una gran pérdida.
         Como cosmógrafo real de la Nueva España trazó mapas hidrológicos del Valle de México. En 1693 fue enviado por el virrey como acompañante del almirante Andrés de Pez en un viaje de exploración al norte del Golfo de México y en especial a la península de Florida, donde trazó mapas de la bahía de Pensacola y de la desembocadura del río Misisipi. Probablemente esta experiencia inspiró su novela de aventuras marinas Los infortunios de Alonso Ramírez. Aunqu se pensaba que ese libro era una pura ficción, algunos historiadores modernos han ofrecido pruebas documentales que constatan que "Los infortunios" no es ficción sino un relato autobiográfico, recogido por Sigüenza y Góngora de voz del propio protagonista. En él se narra la vida azarosa de un portorriqueño de ese tiempo, quien fue cautivo de piratas ingleses.
         En sus últimos años, Sigüenza y Góngora dedicó mucho tiempo a coleccionar material para una historia del México antiguo. Desafortunadamente, la muerte prematura interrumpió este trabajo que no fue retomado hasta siglos después, cuando la conciencia criolla se había desarrollado lo suficiente para interesarse en la identidad de su nación.
         Al morir donó su valiosa biblioteca con más de 518 libros al colegio jesuita y ordenó que su cuerpo fuera entregado a la medicina, para que se encontrara la cura contra el mal que provocó su muerte.

LA TIERRA DE NERUDA

-->
DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Hablábamos en días pasados de la importancia de las letras chilenas en la literatura universal. Por supuesto, no se puede hablar de autores de ese país sudamericano sin detenerse, necesariamente, en el enorme poeta Pablo Neruda, cuyo verdadero nombre era Neftalí Reyes, nacido en la localidad chilena de Parral en 1904. Aunque se le clasifica como poeta, hay que decir que no sólo poesía escribió este vate; Neruda nos legó, en sus memorias tituladas “Confieso que he vivido”, el testimonio de una vida llena de experiencias, viajes, militancia, goces y sinsabores, publicada después de su muerte acaecida en 1973. Dicha obra constituye una delicia para el lector.
         No podía faltar en esas memorias el retrato de su patria, del variado paisaje chileno que lo inspiró, como a tantos otros grandes autores. Comparto aquí este fragmento:
“En Chile no hay elefantes ni camellos. Pero comprendo que resulte enigmático un país que nace en el helado Polo Sur y llega hasta los salares y desiertos donde no llueve hace un siglo. Esos desiertos tuve que recorrerlos durante años como senador electo por los habitantes de aquellas soledades, como representante de innumerables trabajadores del salitre y del cobre que nunca usaron cuello ni corbata.
Entrar en aquellas planicies, enfrenarse a aquellos arenales, es entrar en la luna. Esa especie de planeta vacío guarda la gran riqueza de mi país, pero es preciso sacar de la tierra seca y de los montes de piedra, el abono blanco y el mineral colorado. En pocos sitios del mundo la vida es tan dura y al par tan desprovista de todo halago para vivirla. Cuesta indecibles sacrificios transportar el agua, conservar una planta que dé la flor más humilde, criar un perro, un conejo, un cerdo.
Yo procedo del otro extremo de la república. Nací en tierras verdes, de grandes arboledas selváticas. Tuve una infancia de lluvia y nieve. El hecho solo de enfrentarme a aquel desierto lunar significaba un vuelco en mi existencia. Representar en el parlamento a aquellos hombres, a su aislamiento, a sus tierras titánicas, era también una difícil empresa. La tierra desnuda, sin una sola hierba, sin una gota de agua, es un secreto inmenso y huraño. Bajo los bosques, junto a los ríos, todo le habla al ser humano. El desierto, en cambio, es incomunicativo. Yo no entendía su idioma, es decir, su silencio”.
         En otra parte de “Confieso que he vivido”, describe otros entornos, al hablar de su viaje al exilio forzoso:
“La montaña andina tiene pasos desconocidos, utilizados antiguamente por contrabandistas, tan hostiles y difíciles que los guardias rurales no se preocupan ya de custodiarlos. […] La selva andina austral está poblada por grandes árboles apartados el uno del otro. Son gigantescos alerces y maitines, luego tepas y coníferas. Los raulíes asombran por su espesor. Me detuve a medir uno. Era del diámetro de un caballo. Por arriba no se ve el cielo. Por abajo las hojas han caído durante siglos formando una capa de humus donde se hunden los cascos de las cabalgaduras. En una marcha silenciosa cruzábamos aquella gran catedral de la salvaje naturaleza.”

SAN JUAN DE ULÚA

--> DE LIBROS Y OTROS PLACERES -->          El puerto de Veracruz es, sin duda, uno de los sitios con mayor enca...