Mis novelas

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miércoles, junio 14, 2023

GRANDES MÚSICOS QUE RECORDAR EN JUNIO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Estamos ya en las últimas semanas de la primavera. El verano nos llegará pronto y con él, las tardes lluviosas en que no dan ganas de salir ni a la esquina… Es lindo ver llover, pero sin mojarse, como dice la sabiduría popular.  Y qué mejor manera de complementar este espectáculo, bien resguardados, que escuchando música. 

El calendario nos sugiere dos autores muy distintos para este mes de junio: Un mexicano enorme: Carlos Chávez, autor de más de ciento cincuenta obras musicales con las que engrandeció a nuestro país. 

Carlos Antonio de Padua Chávez y Ramírez, hombre poco común, nació un 13 de junio, en el último año del convulsionado siglo XIX.  Su familia contaba historias que la hacían especial: el abuelo, José María Chávez, había sido gobernador de Aguascalientes y, debido a su filiación liberal, ejecutado durante el Imperio de Maximiliano. El padre de quien sería un incansable creador musical, era uno de esos sabios inventores; su diseño de una máquina de arado se fabricó y utilizó en los campos de los Estados Unidos de Norteamérica.  Agustín Chávez murió a temprana edad, dejando huérfano al pequeño Carlos Antonio, de solamente tres años. Pero legándole esos genes creativos que el chico aplicaría al arte.

Desde niño, Carlos comenzó a estudiar piano, primero con su hermano y luego con maestros de la talla de Asunción Parra y Manuel Ponce. Pero no sólo de música lo nutrían en casa; también de ideas liberales y nacionalistas y de amor por lo nuestro, por las raíces indígenas de la cultura mexicana.  Con ello se gestaba un futuro director y compositor de obras como la conocida Sinfonía India, que utiliza instrumentos de percusión yaquis.

Además de prolífico autor de sinfonías, conciertos, suites, sonatas y melodías, Chávez fue maestro y director del Conservatorio nacional de Música, formando a importantes creadores e intérpretes entre los que se encuentra, por ejemplo, José Pablo Moncayo, el autor del conocido Huapango. 

Y otro de sus grandes legados a la riqueza cultural de nuestro país, fue la fundación, en 1947, de la Orquesta Sinfónica Nacional, a la que llevó a muchos rincones de nuestro territorio y del extranjero, para dar renombre y gloria a la música mexicana.

De tiempos más cercanos, originario de otro país, y autor de otros géneros musicales, pero también digno de escuchar y recordar en estos días, es el norteamericano Henri Mancini, fallecido un 14 de junio de 1994, cuyo nombre exacto era Enrico Nicola Mancini, pues, aunque naciera en Cleveland provenía de una familia italiana. Mancini se especializó en escribir temas musicales para el cine, de ésos que se quedan en la memoria y nos hacen tararearlos por días. ¿A quién no le ha pasado algo así con el tema de la Pantera Rosa o la canción Moon River de la película Desayuno con diamantes?  Por ambas obras, este músico obtuvo sendos Óscares. Es suya también la adaptación musical para la obra Víctor Victoria.

Bueno, amigos, pues a disfrutar de las obras de Carlos Chávez durante las tardes lluviosas. Son tantas y tan bellas, que no nos alcanzará esta temporada… También de las películas ya clásicas, musicalizadas por Henri Mancini.  Y si se animan a salir, no se pierdan el placer de escuchar a nuestra orquesta sinfónica, la OSEM, a la Filarmónica Mexiquense, así como a la dinámica y propositiva Orquesta Filarmónica de Toluca.  Siempre es la mejor experiencia disfrutar de la música en vivo, mirando a los ejecutantes.

miércoles, junio 07, 2023

EL MARISCAL TITO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

De la misma generación de los terribles dictadores europeos que hemos traído a este espacio últimamente, es Josip Broz, apodado “Tito”, quien puso en el mapa internacional a la región balcánica.

Hijo de padre croata y madre eslovena, Josip nació en 1892 en Zagorje, en la región croata que por entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro.

Séptimo hijo de una pareja de campesinos no concluyó siquiera la educación primaria y trabajó primero en el campo y, siendo aún un jovencillo, como aprendiz de cerrajero. Pero más que aprender de cerrajería, se interesó muy pronto por la política sindical, uniéndose a huelgas y manifestaciones en pro de los derechos obreros.

No escapó al reclutamiento por parte del ejército austrohúngaro en 1913 y combatió en el frente serbio durante la Gran Guerra. Los rusos capturaron a todo su batallón; como él estaba herido, pasó un tiempo en el hospital y luego lo trasladaron a un campo de prisioneros en los montes Urales. Escapó y se unió al Ejército Rojo y luego al Partido Comunista de la Unión Soviética.

En 1920 regresó a Yugoslavia donde organizó manifestaciones que le costaron la cárcel desde 1928 hasta 1934. Allí se dedicó a leer y afianzar su pensamiento comunista. Cuando lo liberaron, se exilió en Austria y trabajó como enlace entre el comité central del partido en Moscú y sus camaradas yugoslavos. También permaneció un tiempo en París reclutando voluntarios para las Brigadas Internacionales de apoyo a los republicanos españoles.

En 1940 regresó a Zagreb como secretario general del Partido Comunista yugoslavo. Un año después, cuando los nazis invadieron su país, fungió como dirigente de la resistencia, convirtiéndose en el hombre más buscado por las fuerzas del Eje, que en vano trataron de aniquilarlo.

Destacó su habilidad para conseguir los apoyos necesarios para su causa, pero evitando siempre la sujeción definitiva a una u otra potencia.

Una vez terminada la 2ª guerra mundial, Tito quedó al frente del gobierno provisional de su país y, en noviembre de 1945, ganó las elecciones por una abrumadora mayoría, instaurando un gobierno republicano que deponía oficialmente al rey Pedro II.

Desde entonces hasta su muerte en 1980 permaneció en la primera magistratura de su país. Fue cofundador, junto con Egipto, la India, Indonesia y Ghana, del grupo autodenominado países no alineados, con ánimo de mantener una posición neutral durante la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS.

Durante esos años conservó un gobierno comunista, pero como él mismo lo dijo, adaptado a la realidad del mosaico de pueblos diversos que mantenía unidos gracias a su política de mano dura, su policía, ejército y red de espionaje, aunados a un eficaz culto a su personalidad. Se le ha calificado como Titoísmo a ese estilo de pragmatista nacionalista; a Tito se le consideró dictador benévolo, gobernante paternalista, genio de las relaciones internacionales, pero también como un cruel genocida responsable de miles de muertes durante la guerra y después de ella. Se dice de él que fue un rey sin corona, pues su familia y allegados formaron una aristocracia más elitista que la nobleza de las monarquías.

Tito sigue siendo una figura que genera polémica. Un genio de la política y el liderazgo, sin duda, pero también, como todo dictador, alguien que se excedió en el autoritarismo, en la persecución de sus adversarios y en la crueldad con que los trataba.

Durante la última parte de su gobierno procuró descentralizar la administración, debido en gran parte a las presiones separatistas que, aunque trataban de minimizarse, ya pugnaban por estallar en conflicto violento. Él se enfocó a mantener las relaciones comerciales y diplomáticas de su país que, como se demostró tras su fallecimiento, estaba terriblemente endeudado.

Una vez muerto Tito la aparente paz y el progreso de Yugoslavia se esfumaron. Unos años después estallaría la violenta y cruel Guerra de los Balcanes que terminaría por escindir a Yugoslavia en 7 pequeños países: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Montenegro, Serbia, Macedonia del Norte y Kosovo.

jueves, junio 01, 2023

EL MURALISMO

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La Revolución Mexicana de 1910 sacudió no solamente la estructura socio política del país, permeó el espíritu de los artistas, provocando un movimiento radical en casi todas las expresiones artísticas, pero muy significativamente en la pintura, donde se combinaron las tendencias vanguardistas provenientes de Europa, los ideales revolucionarios y la experimentación de nuevas técnicas. Los pintores mexicanos post revolucionarios tenían tanto qué decir, que gritar, que no había lienzos suficientemente grandes para la expresión de sus ideas, requerían espacios enormes: los muros de los edificios públicos.

    El compromiso de los creadores se vertía en dos ideales: por un lado, hacer de la pintura un lenguaje que ayudara a difundir las premisas revolucionarias entre el pueblo, por otro, proponer una nueva estética monumental y realista, con formas dramáticas, colores a veces agresivos, nuevos materiales y manejo sorprendente de los temas sociales, mostrando sin prejuicios escenas llenas de crudeza.

    Con esta propuesta nueva, los llamados “muralistas” retoman el antiguo arte de la pintura mural que era común a las dos raíces de nuestra raza: la indígena, que acostumbraba a decorar templos y pirámides con grecas y figuras de colores, y la pintura al fresco traída de la Europa renacentista por los evangelizadores, quienes cubrieron los muros de los conventos con motivos religiosos.

    El muralismo cobró una gran importancia en el México post revolucionario gracias al apoyo de José Vasconcelos, Secretario de Educación Pública durante la presidencia de Álvaro Obregón. Los artistas, animados por el Doctor Atl, director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, pusieron manos a la obra.

    El propio doctor Atl, Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Álvaro Siqueiros, Juan O’Gorman, entre otros, llenaron de andamios estos edificios para combinar arquitectura y pintura en la tarea de rescatar los valores prehispánicos, denunciar los abusos del poder recién vencido, reivindicar a las fuerzas donde debería cimentarse la nueva sociedad: campesinos y obreros.

    La calidad de nuestros artistas puso a México en la palestra de los conocedores: el mundo hablaba de los murales de México y los pintores de nuestra tierra se trataban de tú con los grandes de Europa como Picasso, Braque, Gris o Modigliani.

    Todavía hoy, el mundo no se cansa de admirar los murales de Palacio Nacional, de la Secretaría de Educación Pública, de la Universidad de Chapingo, el Hospicio Cabañas en Guadalajara, por nombrar algunos. Los estudiosos del arte siguen escribiendo tesis donde se estudian aspectos de tales obras. Y aquellos artistas que hicieron leyenda, siguen inspirando a poetas, novelistas, músicos y cineastas.

    A casi cien años de que hiciera erupción el volcán de nuestra pintura, otros talentos continúan pintando murales. La apuesta artística, el lenguaje, se han transformado poco. Seguramente el devenir de la historia no exige aún un nuevo lenguaje; tal vez las causas que originaron este maravilloso arte sigan vigentes.

    El muralismo mexicano fue, sin duda, uno de los grandes motivos para celebrar, en 2010, el centenario de la Revolución. Aquí en la capital de nuestro Estado, el Palacio de Gobierno ofreció sus muros a artistas mexiquenses que les dieron vida con obras de gran belleza e interesante discurso. Quedaron plasmadas, desde entonces, las visiones de los maestros Ismael Ramos, con las riquezas naturales y culturales que encierra nuestro país; Ulises Licea, con la identidad física y moral de los mexicanos; Leopoldo Flores, con la Independencia; y Luis Nishizawa, con la Revolución Mexicana.

¿Ya los conoces? ¿No? Pues no esperes más…      

jueves, mayo 25, 2023

EL FÜHRER

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

En este recorrido por los dictadores de la historia, llegamos a quién podríamos llamar “el peor de todos”, por la devastación y muerte que sembró durante su gobierno. Ya adivinaron, se trata desde luego de Adolf Hitler, el artífice del Tercer Reich alemán, responsable de millones de muertes por la guerra que provocó y por su campaña de exterminio de judíos y muchos otros a quienes consideraba “razas inferiores”.

Hitler no nació en Alemania sino en Braunau, Bohemia, en 1889. Era hijo de un austríaco, funcionario de aduanas. Su infancia transcurrió en Linz y su juventud, en Viena, donde se dedicó a vagar y a leer acerca de la historia y la mitología germanas. 

En 1913 huyó del Imperio Austrohúngaro para evitar el servicio militar y se mudó a Múnich.  Un año más tarde, este hombre lleno de contradicciones se enlistó voluntariamente en las filas alemanas para ir al frente al estallar la Gran Guerra. El ejército se convirtió en su hogar; la disciplina se volvió parte de su ser y luchar contra un enemigo dio sentido a su vida.

Fue también gracias al ejército que encontró el camino a la política, pues en 1919 le encomendaron la misión de espiar al Partido Obrero Alemán. Decidió cambiar de ruta, renunció a la milicia y se unió al partido, donde ascendió rápidamente. En cuanto adquirió el control, lo rebautizó Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, inspirado en el fascismo italiano y en la figura de su modelo: Mussolini. Quiso, como aquél, dar un golpe de Estado, pero falló y fue a dar a la cárcel. 

Ningún revés doblegaba a ese hombre, así que aprovechó la prisión para escribir su famoso libro “Mi lucha”, donde plasmaba su ideal de un imperio pangermánico, sustentado en la supuesta superioridad de la raza aria, la cual debía exterminar a todas aquéllas que consideraba inferiores. 

Salió del cautiverio a encabezar de nuevo a su partido, apoyado por sus leales Himmler, Goering, Goebbels, Hess y algunos más que lo acompañarían hasta el final de su terrible aventura.

En 1933 fue nombrado Canciller. En cuanto se hizo del poder clausuró el Parlamento e instauró una dictadura de partido en que toda decisión recaía en él. Inició así el llamado Tercer Reich, o tercer Imperio Alemán.

Como todo dictador, desplegó un arrasador culto a su persona, difundido por una propaganda muy eficaz que difundía sus ideas nacionalistas, exaltaba la superioridad racial y el odio a los no arios, especialmente a los judíos. Se hizo llamar “Führer”.

Además de su eficiente sistema de inteligencia y espionaje, la SS, gracias al odio y al temor de represalias, hizo de cada alemán un delator de cualquier sospechoso de hacerse pasar por ario o de albergar ideas diferentes al nazismo.

Inició una carrera armamentista que sacó al país de la depresión económica. Una vez armado y organizado su gigantesco ejército, emprendió la invasión de los territorios que pretendía anexar al Tercer Reich. Su primera víctima fue Austria, su país de origen, en 1934. Siguió Checoslovaquia y, en 1939, invadió Polonia. Fue entonces cuando Gran Bretaña y Francia le declararon la guerra, iniciando así la Segunda Guerra Mundial. Hitler se alió con Italia y Japón en el llamado Eje Berlín-Roma-Tokio.

Durante los primeros años, Alemania obtenía victoria tras victoria; había ocupado la mayor parte de Europa continental, salvo los países que eran sus aliados y los únicos dos que permanecieron neutrales: Suecia y Suiza.

Engolosinado, el Führer decidió superar a Napoleón e invadir Rusia. Igual que su ídolo, ese intento fue su perdición; los soldados del Eje no sólo fracasaron, sino que los rusos contraatacaron llegando hasta Berlín. Además, Estados Unidos se unió a los Aliados con tropas y armamento, mediante el famoso desembarco en Normandía en 1944, además de ocupar Italia.

Sin posibilidades de recuperación, se ocultó con su pareja, Eva Braun, y sus más cercanos colaboradores, en el búnker de la Cancillería. Allí se suicidaron, de manera colectiva, para no ser aprehendidos y juzgados por sus terribles crímenes de guerra.

La megalomanía de este hombre, sin duda un genio del liderazgo, provocó la mayor destrucción y muerte de que se tiene noticia en la historia de la humanidad. Además, su aparato de exterminio desarrolló técnicas de una crueldad inhumana.

Todavía hoy, a 80 años de aquellos sucesos, su imagen es, quizá, la más atemorizante de los tiempos modernos. Por más que uno estudie las causas que permitieron que todo eso ocurriera, es difícil entender que su poder se mantuviese y que la esquizofrenia de un hombre se convirtiese en locura colectiva. Una lección que no debe olvidarse.


jueves, mayo 18, 2023

EL DUCE

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Parecería que, durante el siglo XX, las estrellas se mostraban propicias para la aparición de figuras terribles, como las que hemos traído últimamente a este espacio: los dictadores.

Entre ellos no podríamos omitir a uno de los más icónicos y, por desgracia, admirado e imitado por otros suspirantes del autoritarismo. Se trata del italiano Benito Mussolini, creador del sistema fascista y modelo, entre otros, del terrible Adolf Hitler.

Mussolini, nacido en 1883 en el seno de una familia humilde, era maestro de profesión. Sin embargo, albergó desde muy joven inquietudes políticas. Poseía una enorme sed de conocimiento y también de acción. La primera hizo de él un ávido lector; la segunda, un rebelde activista.

Su primera militancia fue en el ala radical del Partido Socialista Italiano. Llegó a ser secretario provincial en Forlì y editor del semanario La lucha de clases y, al poco tiempo, del periódico milanés Avanti, órgano oficial del Partido.

Durante la Primera Guerra Mundial, los socialistas llamaron a la neutralidad, es decir, a que Italia se abstuviera de entrar en el conflicto. Entonces Mussolini, a través del periódico, se mostró abiertamente belicista. En consecuencia, fue expulsado del Partido.

Astuto como era, aprovechó la coyuntura para fundar su propio periódico, Il Popolo d’Italia, de tendencia ultranacionalista (financiado por su amante en turno, Ida Dalser, una de sus víctimas femeninas). En 1915 se enroló voluntariamente en el ejército y fue al frente hasta que lo hirieron.

Tras los Tratados de Versalles, la frustración y el enojo se apoderaron de los italianos. De nada había servido su sacrificio al entrar en la Guerra: habían perdido muchas vidas y recursos, había pobreza y hambruna, el movimiento obrero provocaba huelgas en todo el territorio y los campesinos ocupaban las tierras en lugar de trabajarlas, exigiendo mejores condiciones salariales y humanitarias.

El momento era perfecto para lanzar un discurso político diferente: no era el socialismo o el comunismo el camino para mejorar las condiciones de vida de obreros y trabajadores, proclamaba Mussolini, sino la ley, el orden y la unión de todos los italianos, recordando que eran herederos del gran Imperio Romano.

Fundó entonces el Partido Nacional Fascista, organizado en grupos de acción o fascios, el cual obtuvo 35 escaños en la cámara de diputados.

El gobierno, claramente incapaz de controlar todos los problemas del país, decretó la disolución del Parlamento. Clima perfecto para la gran apuesta de líder fascista: La marcha sobre Roma, una gran caravana de sus partidarios, los camisas negras, a los que se fueron sumando más y más desde todos los puntos de Italia para llegar frente al rey el 29 de octubre de 1922, exigiendo que nombrara, a Benito Mussolini, Primer Ministro con poderes de emergencia para restaurar el orden. Así inició una de las dictaduras más famosas de la historia, que utilizó, como todas, la violencia, el espionaje y el terror para acabar con sus adversarios. 

Además de su inteligencia, sagacidad y falta de escrúpulos, el Duce (como se conocería a Mussolini en lo sucesivo), usaba con eficacia su arma principal: la elocuencia, una capacidad de oratoria única. Sus discursos (que escribía y practicaba personalmente) lo convirtieron en un modelo a seguir por otros de su tiempo, empezando por Hitler, y por muchos en los tiempos siguientes, incluso hoy.

En opinión de varios analistas, se inspiran con frecuencia en el Duce políticos como Trump, Bolsonaro y Salvini, por nombrar a algunos (y quizá uno más cercano…) pero seguramente muchos otros de marcado aliento autoritario y con una egolatría inocultable, se sueñan hipnotizando a las multitudes, como lo hacía él desde el balcón del Palacio Venecia, en Roma.

La ideología de Mussolini (como sucede con sus imitadores) era incoherente; para ocultar sus contradicciones se apoyó en una retórica insistentemente nacionalista, de culto a su persona, xenofóbica y exaltadora de un pasado glorioso que prometía recuperar.

Aunque su ascenso se había apoyado en la clase obrera, suprimió el derecho a la huelga y a los sindicatos, tanto obreros como patronales, creando corporaciones que controlaba el gobierno.

Manipulaba al país a través de la educación de credo fascista, los medios de comunicación y la vigilancia o espionaje de la sociedad. Pero era convincente. Tanto, que la mayoría de los italianos se sentían eufóricos, pensando que su patria había resurgido para convertirse en una gran potencia.

Entró el país fascista, de la mano de los nazis, a la Segunda Guerra Mundial. Pero Italia cayó antes, pues las tropas aliadas invadieron primero Sicilia y luego la península, hasta obtener la rendición, en 1943. No fue Mussolini quien se rindió; él había sido destituido unos meses antes y, rescatado por los nazis, dirigía en el norte un gobierno títere de Hitler, la llamada República de Saló.

En 1945, ante la derrota de Alemania, el Duce intentó huir a Suiza, pero unos partisanos lo detuvieron y lo asesinaron junto con su amante, Clara Petacci.

Para acercarse a esta historia que, desde mi opinión, es muy interesante, les recomiendo la película La amante de Mussolini (Vincere en italiano), dirigida por Marco Belocchio, y mi novela Volver a Roma, que narra la relación entre Benito y Clara o Claretta, una joven de trágico destino.


miércoles, mayo 10, 2023

MADRES PRIMIGENIAS

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Más allá de la historia científica, Ahí donde las fronteras entre mito, ficción y creencias religiosas se funden, hay en toda cultura una figura materna, una madre primigenia de donde provienen todos los seres que poblaron la tierra. 

Una de las culturas más antiguas de la humanidad, la egipcia, creía que Isis o Ast, melliza y esposa de Osiris, era la diosa madre, la fuerza fecundadora de la naturaleza. Gracias a la abnegación y el poder dador de vida de esta diosa, pudo recuperarla su esposo, quien había sido descuartizado por su envidioso hermano Seth. Pero Isis recorrió el Nilo, recogió los pedazos, los unió y les dio nueva vida. En ese acto amoroso concibió a Horus.

En nuestra raíz judeo-cristiana, la primera mujer es Eva, la esposa de Adán, creada a partir de la costilla del primer habitante del Paraíso. Hay quienes sostienen que Eva fue, en realidad, la segunda mujer de Adán, pues Dios había creado a Lilith, ente femenino de la primera pareja humana, igual en capacidades y en autoridad a Adán, con quien nunca logró ponerse de acuerdo y terminó abandonándolo, por lo que el Creador hizo a Eva, más dispuesta a la vida marital y a la maternidad. En su paradisíaco romance, procrearon a Caín y a Abel, los hermanos mal avenidos cuya rivalidad terminó en el primer fratricidio. Con esa pena, que se sumó a la expulsión del Paraíso que, seguramente, Adán nunca perdonó a Eva, culpable del antojo de la manzana, esta madre primera debe haber terminado sus días bastante frustrada y amargada.

Para la cultura greco-latina es Hera, melliza de su esposo Zeus, quien se identifica como madre primera, fértil progenitora de dioses y semidioses. Hera y Zeus se casaron a fuerza: el dios había violado a su hermana y tuvo que reparar el honor. Pero fueron, según cuenta la mitología, una pareja muy mal avenida, que pasaba la vida entre infidelidades, intrigas y venganzas. 

El pensamiento náhuatl definía como madre de todo lo creado a Ometecuhtli, la diosa dual de Ometéotl, señor y señora de todas las cosas. De esta concepción deriva la diosa Tonantzin, “nuestra madre”, cristianizada durante la Colonia como la Virgen de Guadalupe, de acuerdo con la creencia en la aparición de la Virgen justo en el mismo sitio donde había un adoratorio para esa diosa indígena. Fray Bernardino de Sahagún explica: “en este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre; allí hacen muchos sacrificios a honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejanas tierras, de más de veinte leguas, de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas”. 

Así pues, no hay cultura sin la creencia de una madre primigenia, madre de los dioses y señora de la fertilidad. Curiosamente, en todos los casos se considera una melliza, una igual a la vez que pareja de un dios masculino, es decir, se le concibe bajo el principio dual, más patente que nunca en la filosofía náhuatl. Esto lo comenta el propio Sahagún, preocupado: “Es cosa que se debía remediar porque el propio nombre de la Madre de Dios Señora Nuestra no es Tonantzin sino Dios y Nantzin…” 

Es también común a todas estas figuras de la mitología universal la historia de desacuerdos y rivalidades con su pareja, su divina media naranja, así como la decepción por el comportamiento de los hijos. 

No cabe duda, amigas mamás, que los mitos no son más que la encarnación de las características de los humanos… ¡Felicidades en el día de las Madres!


miércoles, mayo 03, 2023

FRANCISCO FRANCO

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Volviendo al tema de los dictadores del mundo, no puede faltar uno que, por parentesco entre naciones, roza las historias familiares de muchos mexicanos y provoca, todavía, pasiones encontradas. Se trata de Francisco Franco, el Caudillo español, quien se hizo del gobierno de su país en 1939, tras el triunfo de las llamadas Fuerzas Nacionales sobre el Frente Republicano, al finalizar la Guerra Civil Española.

Franco había adquirido, desde el inicio de esa Guerra, en 1936, los títulos de Generalísimo de la Fuerzas Nacionales de Tierra, Mar y Aire y de Jefe del Gobierno del Estado Español, que le otorgaban todos los poderes del Estado. Se cuidó de mantener, durante casi 40 años, este poder omnímodo, conduciendo un gobierno autoritario y personal.

Inspirado en el régimen fascista de Mussolini y en el nazismo de Hitler, de quienes se declaró aliado no beligerante, los primeros años del gobierno franquista, conocidos como Etapa Azul, tuvieron como pilar a los militares de la Falange, que se dedicaron a perseguir a los miembros de cualquiera de las llamadas izquierdas o a quien hubiera ayudado a los republicanos durante la guerra. Estos “enemigos” eran detenidos, encarcelados y, muchas veces, condenados a pena de muerte o enviados a campos de concentración nazi. Se estima que hubo más de 280,000 presos político, unos 50,000 ejecutados y que entre 10 y 20,000 exiliados terminaron en campos de concentración nazis.

El discurso político de estos años era el exacerbado nacionalismo.

Esta primera etapa concluye al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Durante los siguientes años, Franco, preocupado por romper el cerco internacional que aislaba a España, sobre todo en cuanto a la economía mundial, se hizo cargo de buscar aliados y apoyos para alcanzar dicho objetivo. Se acercó a los monarquistas, prometiendo la restauración de la corona tras su gobierno (sin decir cuándo), a la Iglesia Católica y, con el infalible discurso anticomunista, a los Estados Unidos de Norteamérica. Para convencerlos, maquilló su gobierno promulgando leyes que parecieran democratizantes, firmó un Concordato con el Vaticano y un Acuerdo Hispano Norteamericano. Estas hábiles medidas le valieron el ingreso a la ONU en 1955 (un tache para esa organización, desde mi punto de vista).

Tras esos acuerdos, comenzó una etapa de desarrollo económico para España. Los inversionistas del mundo pusieron el ojo en ese país, especialmente los del ala conservadora católica, es decir, el Opus Dei; lo mismo hicieron los turistas, que llegaban en oleadas.

En 1969, Franco decidió nombrar como su heredero al príncipe Juan Carlos de Borbón, de cuya educación se había encargado personalmente. Gesto aplaudido por una facción de los monárquicos, pero reprobado por otra, pues el heredero legítimo de Alfonso XIII era don Juan de Borbón, padre de Juan Carlos.

En 1969, justo cuando la dictadura franquista cumplía 30 años, saltó a la prensa un escándalo de corrupción que salpicaba a varios ministros del gobierno. Se llamó escándalo Matesa, por el nombre de la empresa de maquinaria textil involucrada. A pesar de que Franco intentó acallar a la opinión pública e indultó a sus colaboradores, el daño estaba hecho y dio fuerza a los adversarios del régimen.  

La creciente inconformidad había dado fuerza a movimientos sindicalistas, estudiantiles y a partidos políticos clandestinos, como el PESOE de Felipe González. Algunos de estos opositores formaban organizaciones de corte terrorista; entre ellos la GRAPO, la FRAP y la más conocida: ETA, que daría la estocada final al dictador y su férreo gobierno, el cual ya estaba en decadencia, asesinando, mediante la explosión de una bomba, al presidente de gobierno, Luis Carrero Blanco.

El otrora pétreo Caudillo había envejecido. La apertura económica permitió que España progresara, cierto, pero también que la gente tuviera contacto con el exterior y dejara de engañarse con el discurso nacionalista que ya no cabía en ese tiempo. 

Para consuelo de sus adoradores y frustración de sus detractores, Francisco Franco no cayó en batalla ni murió asesinado. Falleció tranquilamente en su cama, en 1975, siendo un octogenario que nunca perdió el inmenso poder que el Ejército Nacional entregó en sus manos en 1936.

Como dije al inicio de esta nota, hay muchos hijos, nietos y bisnietos de sus víctimas que siguen sintiendo por él un odio vivo, un rencor que los altera. Y tienen buenas razones para ello.

También, hay conservadores que siguen suspirando por su Caudillo, al que idolatran como a un semidiós, y lo defienden aduciendo cifras económicas, mejoras sociales de aquel periodo y, desde luego, aseguran que aquel orden en donde todos eran muy católicos y jugaban roles tradicionales, era la mejor España, la que aún añoran. 

Ambientada en aquel tiempo y alrededor de personajes republicanos, especialmente el poeta Antonio Machado, escribí hace años la novela Sombras en el muro, que todavía circula por ahí bajo el sello Círculo Rojo.


Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

EL NIÑO BENITO JUÁREZ

--> DE LIBROS Y OTROS PLACERES Un personaje que no debemos olvidar, por su importantísimo legado a la formación de este país, es...