Mis novelas

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viernes, enero 12, 2024

CARLOS DE SIGÜENZA Y GÓNGORA UN HÉROE CULTURAL DEL VIRREINATO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Cuando pensamos en la literatura mexicana del periodo colonial solemos limitarnos a mencionar a Sor Juana Inés de la Cruz, la llamada Décima Musa, cuya genialidad, diversidad de conocimientos e intereses, se presentan a veces sin considerar el contexto, la época y a otras figuras contemporáneas de la célebre monja.

Hoy quiero referirme a un personaje fascinante, contemporáneo y amigo personal de Sor Juana: el escritor, catedrático, científico y capellán del Hospital del Amor de Dios, don Carlos de Sigüenza y Góngora.

Hijo de un maestro de la corte española, y emparentado con el poeta culterano Luis de Góngora, Carlos nació en la Ciudad de México en 1645. Recibió su primera educación en casa, junto con sus siete hermanos, de manos de su padre. Después ingresó colegio jesuita de Tepotzotlán para iniciar sus estudios religiosos, los mismos que continuó en Puebla. En 1667 fue expulsado de la orden por indisciplina. Regresó a la Ciudad de México e ingresó a la Universidad Real y Pontificia. En 1672 asumió el cargo de catedrático de astrología y matemáticas. Ocupó esa cátedra durante 20 años, realizando contribuciones notables, mientras desempeñaba simultáneamente el cargo de capellán del Hospital del Amor de Dios.

En 1681 Sigüenza escribió el libro Manifiesto filosófico contra los cometas, en que trataba de calmar el temor supersticioso que provocaba en la gente este fenómeno cósmico. El jesuita Eusebio Kino criticó fuertemente este texto desde un punto de vista aristotélico-tomista, pero, lejos de intimidarse, Sigüenza respondió publicando su obra Libra astronómica y philosóphica (1690), donde fundamentaba rigurosamente sus argumentos sobre los cometas según los conocimientos científicos más actualizados de su tiempo; citando autores como Copérnico, Galileo, Descartes y Kepler.

Imaginen cuánto tenían en común este hombre y su amiga Juana de Asbaje, con quien pasaba horas intercambiando saberes y sinsabores en el claustro de San Jerónimo. Ambos con profundos conocimientos y diversos intereses; los dos, atacados por la cerrazón, la envidia y el autoritarismo de jerarcas de la iglesia.

Las intensas lluvias de 1691 anegaron los campos y amenazaron con inundar la ciudad, y una plaga, consecuencia de toda esa humedad, consumió los trigales. Sigüenza utilizó un aparato precursor del microscopio para descubrir que la causa de la plaga era el Chiahuiztli, un insecto semejante a la pulga. Como consecuencia de este desastre, hubo al año siguiente una severa escasez de alimentos que provocó un motín popular. Las multitudes saquearon los comercios de los españoles y provocaron incendios en los edificios del gobierno. Sigüenza logró rescatar del incendio la biblioteca de la ciudad, salvándola de una gran pérdida.

Como cosmógrafo real de la Nueva España trazó mapas hidrológicos del Valle de México. En 1693 fue enviado por el virrey como acompañante del almirante Andrés de Pez en un viaje de exploración al norte del Golfo de México y en especial a la península de Florida, donde trazó mapas de la bahía de Pensacola y de la desembocadura del río Misisipi. Probablemente esta experiencia inspiró su novela de aventuras marinas Los infortunios de Alonso Ramírez. Aunque se pensaba que ese libro era una pura ficción, algunos historiadores modernos han ofrecido pruebas documentales que constatan que Los infortunios no es ficción sino un relato autobiográfico, recogido por Sigüenza y Góngora de voz del propio protagonista. En él se narra la vida azarosa de un portorriqueño de ese tiempo, quien fue cautivo de piratas ingleses.

En sus últimos años, Sigüenza y Góngora dedicó mucho tiempo a coleccionar material para una historia del México antiguo. Desafortunadamente, la muerte prematura interrumpió este trabajo que no fue retomado hasta siglos después, cuando la conciencia criolla se había desarrollado lo suficiente para interesarse en la identidad de su nación.

Al morir donó su valiosa biblioteca con más de 518 libros al Colegio Jesuita y ordenó que su cuerpo fuera entregado a la medicina, para que se encontrara la cura contra el mal que provocó su muerte.

jueves, enero 04, 2024

LOS REYES MAGOS

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Entramos ya, amigos, al ciclo de festividades que hemos dado en llamar “Puente Guadalupe-Reyes”. Desde el 12 de diciembre no paramos de fiestas tradicionales –casi todas de origen religioso—. Comeremos muchos antojitos: tostadas, buñuelos, pozole, mientras entonamos las Posadas. Disfrutaremos del bacalao, el revoltijo a base de romeritos, pavo y ensalada navideña, sin faltar los deliciosos turrones. Para terminar el puente, nos reuniremos con familiares y amigos alrededor de una rosca de reyes, acompañada de espumoso chocolate caliente. ¡Qué rico! 

Luego, la vida volverá a la normalidad. Los niños guardarán sus juguetes nuevos, para volver a clases. Los adultos estaremos de nuevo en el trabajo y, más de uno, tendremos entre nuestros propósitos urgentes recuperar la línea… es decir, de vuelta a la lechuga y el pollo asado…  Pero nos quedará el buen sabor de boca, la satisfacción de haber convivido con seres queridos y estaremos motivados a comenzar un nuevo año con mucha energía.

Hoy quiero compartir con ustedes los vuelos de mi imaginación a propósito de los Reyes Magos, estos seres legendarios que, cuenta la tradición, viajaron desde Oriente, guiados por una estrella, para conocer a un gran rey, el Mesías esperado por los judíos.

Hace ya muchos años, en mi primera novela “Con una sola mirada tuya”, reviví esta escena, relatada por una niña que pudo ser testigo de aquellos acontecimientos:

  Los hombres volvieron del templo llenos de excitación. En el pueblo se rumoraba que llegarían unos gentiles, ricamente ataviados y viajando con gran escolta. Eran originarios de Oriente y se encontraban en Jerusalén.  Se decía que eran tan importantes que el propio rey Herodes los hospedó en su palacio.

 Horas más tarde, cuando la extraña estrella se colocó nuevamente sobre la casa, llegó efectivamente una gran caravana. Mis primos y yo atisbábamos boquiabiertos por la ventana. ¡Ni en sueños hubiese podido imaginar tal espectáculo! Grandes animales que yo desconocía, cubiertos con telas bordadas en oro y plata, llevaban sobre sus lomos bultos igualmente decorados. Tres de aquellas bestias cargaban una especie de tiendas, con no menos adornos. Caminaban delante de cada una, hombres de oscura tez, llevando las riendas de los animales. Me acerqué al oído de mamá y le pregunté en secreto:

  -¿Es alguno de ésos el rey Salomón del que me has hablado?

  -¡No hija! -exclamó riendo-. Salomón murió hace ya cientos de años.

  -Entonces ¿quienes son?- pregunté con voz cada vez más fuerte.

  Ella llevó el dedo a sus labios pidiéndome silencio. Entonces, uno de los hombres que venía a pie, se acercó a la puerta y preguntó por el dueño de la casa. Tío Natán salió, y el hombre le dijo:

  -Mi amo el jeque Melchor, y sus amigos, los jeques Gaspar y Baltasar, solicitan permiso para entrar en tu casa a hablar contigo.

  -Mi puerta está siempre abierta a los viajeros-, contestó mi tío, visiblemente nervioso-, siempre que estén dispuestos a respetar nuestras costumbres.

  El hombre hizo una seña a sus compañeros y los animales se arrodillaron lentamente. Se abrieron los cortinajes y salieron de cada una de las tiendas los mencionados jeques. Solamente ellos tres y su intérprete entraron en la casa, el resto de la caravana permaneció afuera.

  Mi tío les ofreció asiento inmediatamente, y tía Esther sirvió vino y puso sobre la mesa frutas secas, aceitunas, pan y queso.

  Melchor ordenó al intérprete comenzar a hablar, para explicar el motivo de su visita.

  -Los jeques Melchor, Gaspar y Baltasar son hombres muy sabios, dedicados a estudiar la luna y las estrellas. Han realizado este largo viaje desde el Oriente, siguiendo a la estrella nova que actualmente se encuentra sobre tu casa. Esta estrella ha tenido un comportamiento diferente al pronosticado según sus estudios, despertando en ellos mayor interés. Desean estar lo más cerca posible de ella cuando haga explosión y se produzca la "lluvia de estrellas". Como éste es el lugar exacto bajo el astro de acuerdo a sus cálculos, los jeques solicitan tu permiso para instalar su campamento aquí, al lado de tu casa. Por supuesto se comprometen a no causarte inconvenientes, salvo el movimiento de su grupo de esclavos y animales.

  Tío Natán permaneció pensativo un rato, halándose la barba. Antes de responder buscó los ojos de mi padre como pidiendo su opinión. Papá se acercó a él, aconsejándole que preguntase cuánto tiempo calculaban permanecer allí.  El esclavo respondió al instante:

   -Mi amo piensa que la estrella no durará más de dos o tres noches.

   -Di a tu amo que mi familia y yo estaremos honrados con su presencia- expresó entonces tío Natán- y cualquier cosa que necesiten no titubeen en pedirla.

   Quizás fue exactamente así… ¿no creen amigos? Pero si alguno tiene otra versión de la historia, no dejen de compartirla conmigo…

viernes, diciembre 29, 2023

EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2023

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Alfred Nobel, el científico millonario que legó su fortuna a la fundación que otorga los galardones más importantes del mundo, era aficionado a las letras; tanto, que llegó a escribir varios poemas en inglés además de la sorprendente obra de teatro titulada Némesis.

No es extraño, pues, que entre los premios que otorga la fundación Nobel se encuentre uno destinado a los creadores de literatura. Pero cabría preguntar quiénes pueden obtener esa distinción y cuál es el procedimiento para otorgarlo.

La Academia Sueca, compuesta por dieciocho miembros, es la responsable de seleccionar a las personas que serán laureadas. Como en las demás áreas, la elección del mejor candidato para el premio de literatura es responsabilidad de un Comité, compuesto por cinco personas, que valoran las propuestas recibidas. Para que una propuesta sea considerada, debe provenir de los miembros de la Academia Sueca u otras academias, instituciones o sociedades similares; de profesores universitarios de literatura o lingüística, de presidentes de sociedades de autores que sean representativas de la producción literaria en sus respectivos países o de quienes hayan obtenido el premio en años anteriores.

El procedimiento se desarrolla a lo largo de todo el año. Para el mes de abril, el comité deberá haber estudiado cuidadosamente las propuestas y seleccionado entre 15 y 20 nombres de candidatos preliminares. En mayo dicha lista se reducirá a solamente 5 candidatos para ser estudiados por los miembros de la Academia, quienes dedicarán todo el verano a leer y analizar la obra y merecimientos de cada uno de ellos. En el mes de septiembre, de acuerdo con los reportes de los miembros de la Academia, se lleva a cabo la discusión y votación para elegir al ganador, quien debe obtener más de la mitad de los votos. En el mes de octubre se anuncia la decisión final. Si el elegido acepta, acudirá a Estocolmo el 10 de diciembre, para recibir, durante la Ceremonia solemne presidida por el monarca sueco, una medalla, un diploma y un documento que confirme el premio económico, el cual asciende aproximadamente a un millón de dólares.

Este año el galardón más importante del mundo fue concedido al noruego Jon Fosse, nacido en 1959, quien se destaca como uno de los escritores más importantes de esta época, según afirmó Anders Olsson, presidente del Comité del Nobel de la Academia Sueca. "La singularidad de Fosse es totalmente evidente. En su radical reducción del lenguaje y la acción dramática, expresa las emociones humanas más poderosas de ansiedad e impotencia en los términos cotidianos más sencillo. Fosse es, sobre todo, un dramaturgo que se destaca por su capacidad para evocar la pérdida de orientación del ser humano y así, acceder a una experiencia más profunda y cercana a la divinidad. Fosse combina fuertes lazos locales, tanto lingüísticos como geográficos, con técnicas artísticas modernistas", afirmó el comité sobre su obra, calificándola al tiempo de cálida y con mucho humor.

Su obra consta de unas 40 obras de teatro, además de varias novelas, poesía, ensayos, libros infantiles y traducciones.

De su novela Mañana y tarde, comparto este fragmento, amigos, una probada de su voz narrativa.

…hacía mucho que Olai le había dicho a Marta que el niño que llevaba en el vientre se llamaría Johannes, por su padre, y ella no había puesto objeciones, porque era lo suyo, dijo Marta, que el niño se llamara Johannes como el padre de Olai, piensa Olai ¿y por qué estarán ahora tan calladas ahí en la alcoba? ¿se estará complicando la cosa? Pero todo parecía ir bien cuando la vieja matrona Anna pasó por la cocina para coger más agua caliente, no, él no le notó a la vieja matrona Anna que la cosa fuera mal, no, piensa Olai, y enseguida se siente más sereno, la verdad es que de pronto se siente casi feliz, vaya, hay que ver cómo cambian las cosas, increíble, piensa Olai, y ahora un niño chico, el niño Johannes, verá la luz del mundo, porque el niño se ha hecho grande y fuerte en la oscuridad del cálido vientre de Marta, ha pasado de no ser nada de nada a ser una persona, una personita, pues sí, en el vientre de Marta le han salido dedos en las manos y dedos en los pies, y le ha salido cara, le han salido ojos y cerebro y quizá hasta algo de pelo, y ahora, mientras su madre Marta grita de dolor, el niño vendrá al frío de este mundo y aquí estará solo, separado de Marta, separado de todos los demás, estará solo aquí, siempre solo, y luego, cuando todo haya acabado, cuando llegue su hora, se descompondrá y volverá a la nada de la que salió, de la nada a la nada…

Dan ganas de seguir leyendo…¿cierto, amigos?


jueves, diciembre 14, 2023

ÁNGELES Y DEMONIOS

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Recientemente leí, junto con mis queridos lectores de mis grupos, titulados Por el placer de leer, Los demonios de mi cuerpo, la más reciente novela de Sandra Frid, autora mexicana con mucho ángel, que seguramente recuerdan por alguna de sus excelentes novelas anteriores: La mujer que nació tres veces, cuya protagonista es Nahui Ollin, La danza de mi muerte, alrededor de la misteriosa historia de Nellie Campobello, o Reina de Reyes, en voz de la esposa del gran Alfonso Reyes, por nombrar algunas.

En esta nueva entrega, Los demonios de mi cuerpo, esta talentosa escritora regiomontana se ha introducido (como hizo en sus obras anteriores), en las entrañas de la protagonista, la poeta Pita Amor, conocida en su tiempo como la Undécima musa. Una mujer, la personaja, contestataria, rebelde y genial, parecida a la autora sólo en esta última característica, pues Sandra, a quien conozco desde hace más de 20 años, es tranquila, amable y elegante.

Con talento y oficio, la pluma de Sandra Frid nos lleva al mundo interior y al ambiente que rodeó a esta enorme poeta del siglo XX, a quien la historia tiene un tanto olvidada.

La novela, con un título muy atractivo, nos tiene en vilo a través de todas sus páginas. El lector no pierde el interés en ningún momento, pues Pita parece revivir, en carne y hueso, provocando sentimientos encontrados hacia sus desplantes y destellos de genialidad y, por ende, de lo que podría calificarse como locura.

Una época gloriosa de nuestro México, donde surgieron grandes figuras en todas las ramas del arte y Pita Amor no era la excepción.

Agradezco a Sandra Frid por esta lectura, y me atrevo a hacerlo a nombre de mis grupos, que ya se lo expresaron personalmente.

Comparto con ustedes un fragmento, que seguramente los llevará directo a la librería en busca de esta excelente novela.

Entonces el suelo se separó y Guadalupe se fue hundiendo en la fisura. Cuando logró moverse, se dirigió a la escalera. Con la vista perdida en el tapete arrasado por los años deseó, una vez más huir. Las varillas de latón, que sujetaban la alfombra a los peldaños, le parecieron los barrotes de una celda. “Huir”, pensaba a cada paso, “huir de esta casa en la que a nadie le importo”.

Levantó la mirada; en la pared envejecía un grabado del colegio inglés donde estudiaron los varones Amor; la finca normanda que su padre describía al recordar su niñez; San Gabriel, la hacienda por la que tanto lloró; el retrato del abuelo…

Huir. Un mareo la obligó a sostenerse del pasamanos. Al fin llegó a la planta baja. Vio la escalera que llevaba al den. Deseó entrar y quedarse un rato en aquel espacio prohibido, lleno de cuadros y artistas. Pero había tomado una decisión y ya nada la detendría.

Caminó hasta la puerta.

[…]

Apretando los dientes, cerró el portón.

[…] Miró la fachada. Los recuerdos le cayeron encima como los confites que ella y sus hermanos fabricaban para las posadas. Sacudió la cabeza para alejarlos y evitar que la obligaran a arrepentirse.

[…] Sonriente, echó a andar. A cada paso sus dudas se disolvían. En la esquina de Abraham González y Lucerna oyó las campanadas del reloj de la calle Bucareli. Estiró el brazo para detener un taxi. Antes de darle la dirección memorizada, le dijo al conductor:

-¡Soy libre!

sábado, diciembre 09, 2023

POESÍA DE CRISIS

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En estos días en que todos quisiéramos más dinero del que tenemos para las compras, ofertas y celebraciones, nos damos cuenta que la crisis es un problema recurrente en nuestro pobre México que, desde que es país (y aún durante sus últimos años coloniales), no ha visto la suya más que en pequeños momentos, comparables a oasis en un gran desierto y que valdría la pena cuestionar si no fueron más bien espejismos propios de quienes vagan con sed en tales paisajes de arena.

Encontré entre mis curiosidades bibliográficas, un poema escrito durante la última década del siglo XIX, cuando la paz porfiriana presumía gran bonanza económica y gran parte de la riqueza de nuestro país se encontraba en unas pocas manos, la mayoría extranjeras.  Enrique Sort de Sanz, el joven poeta, era entonces un estudiante de derecho, becado por el gobierno. Con una pluma ágil y de manera muy ingeniosa, parodia su propia situación, parafraseando al famoso Nocturno a Rosario, de Manuel Acuña. Aquí parte de su poema:

LAMENTOS DE UN BRUJA.

*Cabe aclarar dos términos de aquella época: bruja se usaba para decir muy pobre, quebrado. Y la referencia a ingleses o Inglaterra, significa banqueros, pues era una actividad que se identificaba con aquella nación.

I

Pues bien, yo necesito

hablar de mi arranquera,

decirte que no aguanto

mi horrible situación;

le debo, te lo juro,

a la Inglaterra entera,

al sastre, al sombrerero,

al mozo, a la casera,

y hasta en la misma fonda

¡tengo una cuenta atroz!

II

Yo quiero que tú sepas

que ya hace muchos días

no salgo de mi cuarto,

pues temo que al salir,

hambriento y con mis penas

tan negras y sombrías,

si algún inglés me cobra,

hago una de las mías,

le pego un garrotazo

que no hay más que pedir. 

III

De noche, cuando a obscuras

me acuesto en mi tablado,

pensando que es muy triste

dormirme sin cenar,

por más que yo procuro

soñarme un potentado,

sueño que mis ingleses

al fin me han encontrado

y ya sin más esperas

¡me van a fusilar!

IV

Comprendo que los pesos

jamás han de ser míos,

comprendo que en mi bolsa

no se han de ver jamás,

y así y todo, los busco

con locos desvaríos,

y duros y pesados,

redondos y tan fríos,

en vez de amarlos menos,

los quiero mucho más.

V

A veces pienso en darles

mi eterna despedida,

ya no tener por ellos

tan bárbara pasión;

mas es en vano todo,

pues mi alma nunca olvida

que son tan necesarios

en esta triste vida,

que aquel que no los tiene

ni le calienta el sol. 

VI

Y luego que ya estaba

a punto de lograrlos,

el pagaré esperando

mi firma nada más,

el usurero avaro

gozándose en contarlos,

yo para mis adentros

jurando no pagarlos...

la pluma entre mis dedos,

la tinta en su lugar.

VII

¡Qué hermoso hubiera sido

gozar de aquellos duros

y sin pagarle a nadie

cuidarlos con amor,

tenerlos en secreto,

guardarlos muy seguros,

gastarlos poco a poco,

y alegre y sin apuros

sentirse casi, casi,

¡tan grande como un Dios!

VIII

¡Figúrate que hermosas

las horas de mi vida!

¡Qué copas, que cigarros,

qué opíparo festín!

Todo eso había de darme

La suma prometida;

Por eso hoy que he perdido

esta ilusión querida,

me siento entre los seres

el ser más infeliz.

XI

Bien sabe Dios que ese era

mi más hermoso sueño,

mi afán y mi esperanza;

mi dicha y mi placer,

bien sabe Dios que en nada

cifraba yo mi empeño

sino en gastar la plata,

muy pollo y muy risueño,

en toros, en licores,

¡en puros y en comer! 

X

Esa era mi esperanza;

mas ya que a sus fulgores

se opone mi renombre

de tracalero atroz,

adiós por la vez última,

amor de mis amores,

el sol de mis tinieblas,

consuelo en mis dolores,

mi más brillante ensueño,

mi adoración, ¡adiós!

jueves, noviembre 30, 2023

JULIA, UNA MUJER MARCADA POR LA TRAGEDIA

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Hace algunos años, una noticia sorprendió al mundo: Cristina Onassis, la mujer más rica del planeta, se había suicidado. En esta época en que todo se tasa en dinero, mucha gente se preguntaba, ¿cómo es posible que alguien con capital suficiente para comprar casas, yates, empresas, viajes y joyas, no haya sido capaz de ser feliz? Sin embargo, la muerte de Cristina, quizá suicidio, tal vez a causa de los excesos en drogas y alcohol, las excentricidades y rarezas de muchos otros personajes del  jet set nos llevan a cuestionarnos sobre la felicidad, su esencia y su condición efímera.

      Algo parecido sucedió, hace dos mil años, con la hija, supuestamente adorada, del hombre más poderoso de aquellos tiempos: Julia, la hija del César de Roma, Octavio Augusto.

      Julia llegó al mundo en un día que marcaba para siempre su mala estrella: el día en que su padre se divorciaba de su madre para casarse con la astuta Livia, quien sería el complemento y sostén del poder del césar. A los cuantos meses, quizás cuando su madre biológica la destetara, fue entregada a su padre y madrastra para que la educasen y se le utilizara, como era la costumbre, en alguna alianza matrimonial que conviniese al César. En ese tenor, a los dos años de edad estaba prometida con el hijo de Marco Antonio, antes de que éste perdiera su poder y su vida a causa de su pasión por Cleopatra.

      Mientras tanto, Augusto procuraba para su amada hija una educación refinada en todos los campos, no solamente en actividades propias de una matrona. La inteligencia de la hija de Octavio sobresalía en las letras, las artes y el conocimiento de las leyes y la política.

      Aquella primera promesa matrimonial se disolvió, y a los catorce años casaron a Julia con su primo Marco Claudio Marcelo.  Dos años más tarde, el joven marido falleció, lejos de Julia, durante una batalla.

      Nuevamente se le unió a un militar, el general Marco Vespaciano Agrippa, veintinco años mayor que la inquieta romana. Tuvo con él cinco hijos, lo siguió a varios rincones del Imperio a causa de las campañas militares, pero se daba tiempo para desfogar sus impulsos románticos con otros hombres, según cuentan los historiadores de la época.

      Cuando Agrippa murió, Livia decidió aprovechar la viudez de su hijastra para afianzar la posición de su propio hijo, Tiberio, como sucesor al trono. Entonces convenció a su esposo de obligar a Tiberio, recién casado y enamoradísimo, de divorciarse para desposar a la viuda.

      Tiberio no tuvo otra opción que obedecer al César, pero descargó su rencor en la esposa que le hicieran tomar contra su voluntad. Julia se refugió, como era su debilidad, en otros hombres. Cuando sus infidelidades se hicieron públicas –muchas de ellas, dicen, inventadas por sus enemigos—, Augusto, herido porque le fallara su propia hija, cuya imagen había hecho difundir como ejemplo de todas las virtudes deseables en la mujer romana, la envió al exilio.

A la muerte del César, Tiberio ascendió efectivamente al trono de Roma. Para sellar su odio y venganza, confinó a Julia a su habitación, y, según cuentan algunas versiones, prohibió que se le alimentara hasta que muriese de inanición. O quizás ella misma se dejó morir de hambre, incapaz de escapar a tan cruel castigo.

Tal fue el fin de una mujer dotada de todos los dones naturales y circunstanciales: belleza, inteligencia, preparación, el amor de su padre, infinita riqueza y la admiración de muchos. Como a Cristina Onassis, de nada le sirvieron. La infelicidad fue el sello de su existencia.

¿Te interesa la historia del tiempo de Julia, la hija de César Augusto? Puedes encontrar a estos personajes en mi novela El pez de alabastro, recién reeditada en España bajo el sello Áltera.

sábado, noviembre 18, 2023

LOS DESTINOS INVISIBLES

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Siempre he sido una admiradora de las antiguas culturas de Medio Oriente. Desde Turquía hasta los países árabes, los antiguos imperios egipcio, persa, babilonio y, también, el reino judío que he estudiado mucho para mis novelas Con una sola mirada tuya y El pez de alabastro.

Derivado de ese conocimiento, puedo afirmar que los pueblos que hoy se enfrentan en una guerra sangrienta, han compartido espacio por milenios, con tiempos de pacífica convivencia y también conflictos armados desde antes de la llegada de los judíos a su tierra prometida, hace unos 4,000 años, cuando vivieron en Babilonia y luego en Egipto.

Como toda vivencia social, el conflictivo día a día de las personas que habitan aquellas tierras se refleja en sus expresiones artísticas que contienen siempre algo de denuncia combinada con la esperanza, el idealismo propio de los creadores capaces de plasmar los anhelos y frustraciones de su entorno.

Debido a esas extrañas y un tanto mágicas coincidencias que ocurren en la vida, especialmente en el mundo de la literatura, poco antes del estallido de la guerra actual estaba, junto con algunos de los lectores de los círculos que coordino, leyendo la novela Los destinos invisibles, de un autor israelí, Eshkol Nevo. Una obra fascinante que relata los sinsabores de tres generaciones de israelíes: los que fundaron el Estado de Israel, huyendo del Holocausto, los primeros que allí nacieron y fortalecieron sus instituciones y los jóvenes que ponen en tela de juicio la pertinencia de aferrarse a un territorio que, si bien es la tierra prometida de sus ancestros y está legalmente reconocida por la comunidad de las naciones, constituye un hogar de peligro e incertidumbre permanentes. Se supone que los niños no deben estar tristes. Todavía no saben que la vida no es más que un sufrimiento continuo con raras pausas de felicidad.

Esta obra narra, inspirada en la tradición literaria universal, un periplo que es a la vez un largo viaje desde Israel hasta Sudamérica, pasando por Alemania, y el viaje al interior de los personajes con sus amores y desamores, miedos y deseos. También pone en tela de juicio la pertenencia a un lugar, a una forma de vida, a una pareja. Tenía un lugar, mío, Roni, ¿entiendes? Un lugar en el que podía refugiarme. Hace años que no lo he pisado. Pero sabía que en caso de necesidad las montañas estarían allá. Y el mar. Todavía están allá, lo sabes. Pero no será lo mismo. Basta con que ocurra algo así una vez, y se terminó, el lugar está profanado por el miedo.

La novela plantea, entre varios temas fascinantes, la vieja posibilidad de haber ubicado el estado judío en Argentina, como lo proponían algunos de los padres del sionismo a finales del siglo XIX.

Si yo me declaro admiradora de Medio Oriente, encontré en este autor a un alter-ego, un israelí que admira enormemente nuestras culturas prehispánicas y la tierra de este lado del mundo.

Y, solidaria con la tragedia que hoy viven en uno y otro bando, me quedo con la tristeza que Nevo expresa así: las grandes guerras continúan varios años después de haber terminado, resuenan en las personas que han participado en ellas y en sus hijos, y en los hijos de sus hijos. Como cuando gritas frente a una montaña… Resuena y resuena hasta que por fin reina el silencio.


Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

EL NIÑO BENITO JUÁREZ

--> DE LIBROS Y OTROS PLACERES Un personaje que no debemos olvidar, por su importantísimo legado a la formación de este país, es...