Mis novelas

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sábado, abril 29, 2023

NIÑOS PRODIGIO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

¡Mi niño es tan listo! Suelen decir muchos padres, madres y con mayor frecuencia las abuelas, especialmente cuando se trata del primogénito de una familia, pues ya los adultos olvidaron cómo se desarrolla el intelecto de los humanos, aprehendiendo y derivando conclusiones a partir de la observación y reflexión del mundo circundante.

Pero ciertamente hay humanos que, desde pequeños, dan cuenta de capacidades y talentos superiores al promedio. Estos niños que sorprenden en casa y en la escuela suelen nombrarse niños genio, niños prodigio o superdotados. Científicamente se definen como seres que a una edad temprana (es decir, antes de los 10 años de edad), dominan uno o más campos científicos o artísticos emprendidos generalmente por adultos. 

Tal fue el caso de Félix Lope de Vega y Carpio, conocido solamente como Lope de Vega, que ya a los cinco años leía latín y castellano y componía versos.  A los doce años, este prolífico autor del siglo de Oro español, era capaz de escribir comedias completas, siempre en verso. Como él mismo recordaba: yo las componía de once y doce años/ de cuatro actos y de a cuatro pliegos/  

Con esa facilidad innata, Lope de Vega vivió confiado como cigarra: despreocupado y disfrutando de su popularidad, gracias a  la cual nunca le faltaron dinero, amigos, fiestas y mujeres. Tampoco reveses ni enemigos. Elena, su primer y quizás más grande amor, lo dejó para casarse, por conveniencia, con el sobrino de un poderoso cardenal. En venganza, Lope hizo circular estos versos:

Una dama se vende a quien la quiera/en almoneda está. ¿Quieren compralla?/Su padre es quien la vende, que, aunque calla/su madre la sirvió de pregonera…

No conforme con ese poemita, el autor escribió una comedia denunciando a la familia de su amada. Atacar al poderoso prelado le valió el destierro de la Corte y de Castilla. Muchos años vivió este genio de la pluma, 72, durante los cuales, además de seguir con sus interminables conquistas, fue militar y hasta clérigo. Su copiosa producción, por la cual el propio Cervantes lo llamó, con abierta envidia, “monstruo de la naturaleza”, incluye unos 3,000 sonetos, 3 novelas, 4 novelas cortas, 9 epopeyas, 3 poemas didácticos y 1,800 comedias.

Menos longevo fue otro niño prodigio: Wolfgang Amadeus Mozart, muerto a los 35 años, cuya música imprescindible sigue sonando en las iglesias y salas de concierto del mundo entero. Su padre, también músico, percibió que tenía en casa a dos grandes prodigios: Amadeus y su hermana Nannerl y se dedicó en cuerpo y alma a formarlos y a hacer gala de su genialidad musical. Quizás sólo por pertenecer al género masculino, o por tener mayor talento, fue el niño el que trascendió. Amadeus practicaba el clavicordio desde los 4 años y ya componía obras de sorprendente dificultad. A los 6, tocaba con destreza también el clave y el violín. Podía leer música e improvisar frases musicales, además de poseer una memoria tan remarcable, que era capaz de memorizar obras completas. A los 8 años comenzó su primera sinfonía. A la corta edad de 6 años, su padre lo llevó de gira por las cortes europeas, para mostrar su talento al emperador José II de Habsburgo. La fama del niño cundió por Europa y, pocos años después, recorrió las principales ciudades del continente tocando para los reyes de Francia e Inglaterra, además del mundo germano. A los 14 años, debutó en el Vaticano, recibiendo del Papa la Orden de la Espuela de Oro. 

La fama y la inspiración no abandonaron a este gran músico, autor de 41 sinfonías, decenas de conciertos, sonantas adagios, serenatas, marchas, divertimentos y 22 óperas.  Sin embargo, la felicidad y la salud no fueron sus compañeras frecuentes, como suele suceder a los grandes genios, a quienes la fortuna parece cobrar el exceso de dones recibidos.


miércoles, abril 19, 2023

DÍA DEL LIBRO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Otro 23 de abril, elegantemente designado Día del libro, para dar pie a actos conmemorativos en cientos de recintos públicos, discursos de políticos y de escritores, lamentos de los profesionales de este producto. Los autores se quejarán de la miopía y prepotencia de los editores. Éstos, por la contracción de sus mercados, el cierre de librerías, la falta de interés y de apoyos gubernamentales al libro.  Los lectores, porque la búsqueda de títulos que no sean el best seller del momento se ha convertido en interminable vía crucis. Y los estudiantes, porque siguen obligándolos a leer clásicos que les parecen infumables, y, encima, a muchos en este día los obligan a escuchar una conferencia sobre la lectura y las virtudes de esos objetos que detestan, aunque hay que aceptarlo, les son muy útiles…

¿No es cierto?

¿Quién entre los jóvenes no ha lanzado un libro para apartar una silla o butaca? ¿No son perfectos para esconder los acordeones en los exámenes, los recaditos de las compañeras?  Nadie ha dejado de ponerlos abiertos y paraditos para esconder la cara y echarse una siesta o seguir platicando y riendo de los chistes del de al lado. Para fingir que estás leyendo y poder ignorar a quien no quieres saludar en el recreo, en el camión, haciendo cola o en casa, cuando quieras ahorrarte un sermón o un buen pleito.

Los de pasta dura, son un arma buena para descontarse a un latoso; los de muchas páginas, excelentes para planchar un billete, un papel arrugado o para disecar una flor que requiera inmortalizarse.

Una torre de libros puede suplantar la pata rota de una cama, de una mesa o hasta la llanta robada de un auto.

Una portada o título atrevido, sirve para escandalizar a los demás.  

También, ostentar un título como el Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido, de Proust, o algo de Kierkegard, sirve para apantallar a los demás y pasarse por intelectual.

Regalar un buen libro puede hacerte quedar muy bien…y comentarlo es una buena forma de acercarte a quien te interesa.  Y créeme, no falla un libro de poesía para un buen ligue.

Un estante lleno de ejemplares bien empastados y con letras doradas, es un símbolo de estatus... aunque, como en el Burgués gentilhombre de Molière, esas pastas no contengan ninguna página.  

Pero, más allá de todos estos usos adicionales… ¿qué tienen de especial estos objetos de papel, que han logrado sobrevivir al menos desde 1440 en que Gutenberg, con su invento de la imprenta, los comenzó a reproducir a gran escala? ¿Por qué esos pedacitos de metal con letras han sido uno de los inventos más revolucionarios de la humanidad? ¿Qué hay adentro de esas hojas de papel que provoca tantas pasiones a favor y en contra?  

Los libros contienen la palabra escrita, herramienta de transmisión del saber humano, de las ideas que nutren la mente y permiten que se desarrollen otras ideas, nuevos conocimientos y provocan lo más maravilloso del espíritu: la imaginación.

El colombiano Álvaro Mutis, dice en su Elogio de la lectura que leer un libro es volver a nacer.  Es el camino para apropiarnos de un mundo y de una visión del hombre que, a partir de ese momento, entran a formar parte de nuestro ser.  Una lectura disfrutada con riqueza y plenitud, es la conquista más plena que puede hacer un hombre en su vida.


lunes, abril 10, 2023

MAO ZEDONG

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

En Hunan, provincia del entonces Imperio Chino, nació, en 1893, un campesino que cambiaría la historia de su enorme país e influiría en la de muchos otros. Se trata de Mao Zedong, o Mao Tsé Tung, el “Gran Timonel” del comunismo oriental.

Desde su infancia, pensó Mao que no estaba bien resignarse a las desigualdades e injusticias en que vivía la gente del campo chino, oprimida no solamente por los aristócratas, sino también por el colonialismo inglés y el conflicto permanente con los japoneses. Así pues, se unió, con apenas 18 años, a las fuerzas nacionalistas del Kuomitang que, tras la Revolución de Xinhai de 1911, proclamarían la República China. 

Sin embargo, el espíritu rebelde de Mao Zedong no se conformó ante la realidad de esa república que elevó al poder a una nueva clase política autoritaria, represiva, que muy poco había hecho por el pueblo, y buscó respuestas en la doctrina marxista y en la realidad soviética. Se convirtió en el líder del Partido Comunista e inició una comunicación epistolar con Stalin, a quien consideraba su maestro. 

Sus innegables dotes y habilidades políticas lo hicieron sobresalir y conseguir muchos seguidores en poco tiempo. Adquirió prestigio entre los intelectuales, poniendo sobre papel, a través de diversas publicaciones, y de sus elocuentes discursos, ideas que transformaban y adaptaban las teoría marxistas a la realidad de su país.

Su consagración como líder la logró al guiar la llamada “Larga Marcha” del Ejército Rojo, un recorrido de más de 12, 500 km en 370 días, por caminos de todo tipo y, muchas veces, bajo condiciones climáticas extremas. Fue una estrategia genial; no sólo huyó del gobierno del Kuomitang, sino que expandió el movimiento comunista a través del largo recorrido; gracias al respeto a las comunidades que iban visitando y el espíritu de lucha y de constancia que llevó a muchos de esos campesinos a unirse a él.  También le valió el apoyo y respeto de Stalin, sin el cual no habría conseguido que, en 1949, Chiang Kai-shek y sus allegados se exiliaran en Taiwán.

Parecía el final feliz de un cuento de hadas; sin embargo, una vez adueñado del gobierno, Mao se aferró al poder y se enfermó de autoritarismo y, también, empezó a ver las cosas sólo desde su ángulo y a responder de manera represiva y cruel a los disidentes, como ha sucedido a todos los dictadores.

Durante las casi tres décadas de su gobierno hubo, por supuesto, importantes logros, como la mejora en la salud pública, la universalidad de la educación y el haber posicionado a China como una de las potencias principales del mundo. Pero el costo fue altísimo: millones de personas fueron enviadas al campo a realizar trabajos forzados. También por la fuerza se obligaba a los obreros a cumplir jornadas inhumanas. Se desató una gran hambruna que cobró millones de víctimas. Ente hambre, ejecuciones y desplazamientos forzados, se estima que murieron más de 30 millones de personas.

Su influencia no terminó con su muerte, en 1976. El culto a su persona, iniciado en vida, se vitalizó con su fallecimiento y fue aprovechado por la Revolución Cultural, para proteger el sistema comunista. La cultura de la denuncia, arraigada entre los chinos, siguió provocando detenciones, purgas, censura, tortura y fusilamientos. 

El Maoísmo, como se llama a la variante del pensamiento comunista instaurado por Mao Tsé Tung, se extendió no solamente en la mayor parte del Lejano Oriente, sino también en muchos países de América Latina. 

Algunas de las claves del éxito de esta forma de hacer política son: la exaltación de la clase campesina, el uso y elogio de la cultura popular, denostando la llamada cultura de las élites; la denostación del modelo capitalista y de toda persona catalogada como conservador o rico. La satanización de la clase burocrática anterior a su gobierno, simulando que, en su administración, no la había. La exaltación del nacionalismo a ultranza. Una nueva interpretación de la historia, editando y forzando conclusiones para adaptarla al nuevo modelo. 

También, idealizar la ignorancia, disfrazada de elogio a los campesinos que, en palabras de Mao, poseen la cualidad de ser: hoja de papel en blanco que no tiene manchas, por lo que las palabras más nuevas y hermosas se pueden escribir en ella… ¿Les suena familiar?

Para acercarse a la China de esos tiempos, me vienen a la mente dos lecturas imprescindibles: La buena tierra, de Pearl S. Buck y Cisnes Salvajes, de Jung Chang; en cine, la película El último emperador, dirigida por Bernardo Bertolucci en 1987.

miércoles, marzo 29, 2023

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Estamos estrenando primavera. Los humanos, que somos (aunque a veces lo olvidamos) una pieza más de ese gran universo llamado Naturaleza, no estamos exentos del influjo del clima y los astros. Igual que las plantas y los animales, al comenzar otro ciclo, nos sentimos movidos por una fuerza renovadora. Estamos más alegres, más activos y, quizás, más sensibles a las fuerzas de Eros. No hay cultura que, a través de la historia, no celebrase el fin del invierno, el tiempo propicio para que la fertilidad se enseñoree de todo ser vivo. Festejar la llegada de la primavera ha sido inherente a la humanidad en el planeta entero.

En la antigua Grecia, la primavera se celebraba con las llamadas “danzas laberínticas”, relacionadas con el mito de Ariadna, la bella heredera de Creta. 

Ariadna fue, según la mitología griega, hija de los reyes de Creta que atacaron Atenas tras la muerte de su hijo Androgeo. Cuenta la leyenda que, a cambio de la paz, los atenienses debían enviar siete hombres jóvenes y siete doncellas cada año para alimentar al Minotauro, quien habitaba dentro de un laberinto. 

Un año, Teseo, hijo de Egeo, rey de Atenas, marchó voluntario con los jóvenes para liberar a su pueblo del tributo. Ariadna se enamoró de Teseo y le ayudó dándole una espada mágica y un ovillo del hilo que estaba hilando además de una corona luminosa para que pudiese hallar el camino de salida del Laberinto tras matar al Minotauro. Tras el éxito, Ariadna huyó con Teseo, pero de acuerdo con Homero, “no pudo lograrlo, porque Artemisa la mató en Día, isla situada en medio de las olas, por la acusación de Dionisio”. 

Debido a este amor inaplazable, surgido al bailar con Teseo en una danza que parecía a los juegos de apareamiento entre algunas especies animales, se relaciona a Ariadna con la primavera.

Según el historiador y novelista Robert Graves, en Los mitos griegos, las danzas laberínticas las instituyó el propio Teseo, al danzar, junto con sus compañeros de armas “la danza llamada la Grulla, que consiste en evoluciones laberínticas realizadas con pasos mesurados, con acompañamiento de arpas… en Cnosos, Dédalo había construido para Ariadna una pista de baile en la que estaba marcado en relieve de mármol blanco un laberinto copiado del egipcio. Cuando Teseo y sus compañeros bailaron la Grulla en Cnosos fue la primera ocasión en que hombres y mujeres danzaron juntos”.

En La Ilíada, Homero describe el laberinto de Cnosos de la siguiente manera:
Dédalo ideó en Cnosos un suelo

Para que danzase la rubia Ariadna

Lucitano, en su estudio sobre la danza, se refiere también a danzas populares cretenses relacionadas con Ariadna y el laberinto, que se bailaban en las fiestas del comienzo de la primavera. 

De Creta, las danzas laberínticas pasaron a Italia, así lo cuenta Plinio en su Historia natural, también llegaron a Troya y parecen haber sido introducidas en Britania hacia fines del tercer milenio antes de nuestra era por inmigrantes provenientes de África del norte.

Danzar en pareja se volvió una cuestión normal en el mundo occidental de tiempos posteriores y todavía lo es. Ya no se requiere un laberinto en la pista de baile ni hace falta esperar a las fiestas del inicio de la primavera. Pero, ya que estamos en esa estación... ¿qué tal una velada romántica con algo de música y danza?


miércoles, marzo 22, 2023

STALIN

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Fue el siglo XX un siglo de grandes cambios en la población de todo nuestro planeta. Dos guerras mundiales más una infinidad de conflictos bélicos con intervención de grandes potencias y la redefinición de fronteras y países. También, tiempo de terribles y sanguinarios dictadores. Entre los que más influyeron en la política del mundo entero y dejaron un saldo de vidas perdidas enorme, se encuentra el temido José Stalin, líder de la URSS por tres largas décadas.

Stalin, que significa “hombre de acero” no era su verdadero nombre, sino un alias adquirido durante su militancia bolchevique. Se llamaba Iósif Vissariónovich Dehugashvili, y nació en Giorgia en 1879, al seno de una familia humilde. Quedó huérfano a temprana edad y fue acogido en un seminario. Sus ideas revolucionarias y su mal comportamiento le valieron la expulsión del mismo.

En 1903 se unió al partido bolchevique, liderado por Lenin, para luchar contra el sistema zarista. Pronto destacó en el partido y asumió la función propagandística, pues tenía el don de multiplicar a sus seguidores mediante la comunicación que, por entonces, no contaba con los medios electrónicos y redes sociales que ahora conocemos. Fue detenido en varias ocasiones, pero la prisión sirvió para alimentar su ardor revolucionario.

Ascendió dentro del partido, llegando a ser nombrado secretario general por el propio Lenin, quien después se arrepentiría de darle tanto poder y dejaría,  en su testamento, la instrucción de apartarlo del cargo supremo. Pero Stalin consiguió ocultar este escrito a la muerte del ideólogo comunista y, venciendo al grupo de Trotsky, se hizo del control del gobierno en 1924. Y lo ejerció, desde el inicio, a base de terror y autoritarismo, tal como Lenin lo había anticipado: Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de secretario general. 

El apóstol del comunismo se había quedado corto con el adjetivo de “brusco”. Stalin fue un gobernante autoritario y cruel como pocos. Usó el culto a la figura de su antecesor como bandera, aunque en la práctica se apartó de sus principios y gobernó bajo un solo criterio: sus propias ideas y su omnipotente voluntad.

A Trotsky, como sabemos, lo mandó perseguir y asesinar en nuestro país, donde se había exiliado y, supuestamente, contaba con la protección del gobierno que de poco le valió.

Al seno de su gabinete utilizaba la política de promover la intriga y acusaciones mutuas, el “divide y vencerás” haciendo, aun de sus más cercanos allegados, enemigos potenciales que, casi siempre, acabaron en los Gulags, ajusticiados o desaparecidos. Y lo mismo sucedió con todo aquél que osara expresar cualquier opinión, por mínima que pareciese, en contra de su actuación. Desarrolló el culto a su personalidad, erigiendo su propia efigie frente a todo edificio público a lo largo de su inmenso territorio. 

Treinta años bajo un yugo de tal naturaleza, donde se pierden todos los denominados “derechos humanos”, constituyen un infierno inimaginable. Ser obligado a trabajar en donde el sistema lo decida. No poder hablar con nadie sobre tus inquietudes, convertirte o nacer como una pieza del engranaje manejado por un solo hombre, un paranoico genial que ve, aún en sus familiares, la sombra del peligro, fue una realidad para los muchos millones de soviéticos de aquellos tiempos.

No hay datos precisos acerca del número de víctimas, pero, según los datos documentados por el propio Gulag, fueron detenidos más de 1’300,000 personas por motivos políticos. De ellas casi 700,000 fueron fusiladas. Del resto, pocos sobrevivieron a las condiciones extremas de ese confinamiento. Estos datos resultan muy conservadores frente a otros cálculos que hablan del doble o triple de estas cifras.

El horror de vivir bajo este régimen sirvió de inspiración a un sinnúmero de obras en todas las ramas del arte. 

En literatura, me vienen a la mente las recomendables novelas El gran hermano y La rebelión en la granja, de George Orwell, que critica con inteligente ironía el sistema soviético sin mencionarlo y, desde luego, las obras del Premio Nobel Aleksandr Solzhenitzyn, Archipiélago Gulag, Un día en la vida de Iván Denísovich y Pabellón de Cáncer, quien vivió en carne propia los horrores del estalinismo.

No olvidemos que la literatura es un juego de espejos para conocernos y reconocernos, y el estudio de la historia, la forma de detectar los yerros de quienes nos antecedieron, para tratar de evitarlos. 


miércoles, marzo 15, 2023

VENEZUELA

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Hablábamos hace poco de la mala suerte que ha tenido Nicaragua, un lugar de gran belleza natural, cuna y botín de dictadores indeseables. Hoy traeré a este espacio otro país latinoamericano al que la Naturaleza prodigó con belleza y recursos, pero por lo mismo, ha sido oprimido y saqueado una y otra vez. Ha tenido tan mala suerte que podríamos aplicar a algunos países ese dicho de “la suerte de la fea, la bonita la desea”.

Me refiero en esta ocasión a Venezuela, donde el universo ha sido especialmente generoso. Bañada por varios ríos, entre los que destaca parte del Amazonas y el Orinoco, la tierra venezolana es muy fértil y sus diferentes ecosistemas albergan numerosas especies animales y vegetales. Es, por ejemplo, cuna del cacao, cultivo que le dio grandes riquezas desde tiempos prehispánicos. 

Tras la conquista española, tuvo esta región, poblada por varias etnias entre las que sobresalían los caracas, la mala fortuna de que el emperador Carlos V, que era monarca de España pero también de la actual Alemania, lo entrega a los banqueros Welsers de Augsburgo, de quienes obtenía millonarios créditos para sostener sus guerras europeas y conquistas transoceánicas. 

Estos empresarios enviaron administradores con un solo objetivo: obtener riqueza rápida, de preferencia en metales y mercancías de pronta recuperación. El resultado: una política de saqueo, devastación y exterminio.

Al abdicar Carlos V y dividir sus dos coronas: el Sacro Imperio para su hermano y España para su hijo Felipe, terminó el gobierno de alemanes en la cuenca del Orinoco. 

Conforme avanzó el tiempo, se fueron estableciendo colonos españoles en ese territorio, algunos para explotar minas, otros tras las maderas preciosas de las zonas selváticas, pero otros muchos para obtener, en grandes plantaciones y con manos esclavas, productos agrícolas de esas nobles tierras en donde se daban con exuberancia el cacao, el café, la caña de azúcar y, más tarde, el valioso añil.

Surgió así una clase social de millonarios criollos y mestizos, en cuyo seno daría frutos la semilla de la Ilustración francesa. Entre ellos estaba el Libertador, Simón Bolívar, quien consiguió la independencia de la Gran Colombia, a la que por entonces pertenecía la hoy Venezuela.

Y ese fue el primer venezolano que, enamorado del poder y ensoberbecido por el triunfo, intentó convertirse en dictador de toda la América del Sur.

El Estado de Venezuela se escindió de Colombia en 1830, pero pasó años sin conseguir una verdadera estabilidad política.

Resaltan en el periodo de caudillos militares que se sucedieron en el poder desde aquel siglo XIX, el General Antonio Guzmán Blanco, apodado “El ilustre americano” que gobernó varios periodos, alternados con presidentes leales a él, desde 1870 hasta 1888.

Tras él, un movimiento llamado la Revolución Liberal Restauradora, colocó como cabeza del gobierno, primero como vicepresidente y, a la muerte del primer mandatario, en 1908, como presidente, a Juan Vicente Gómez, quien permanecería en el poder por 27 años, hasta su muerte en 1935. Su gobierno fue autoritario, opresor y censurador. Tanto, que llegó a cerrar la Universidad Central de Venezuela por una década, sumiendo al país en el atraso educativo.

Poco después, cuando el petróleo se volvió el oro negro del planeta, Venezuela, con sus grandes yacimientos, apareció en la lupa de Estados Unidos. Entonces, en 1945, Marcos Pérez Jiménez, mediante un golpe de estado, se convirtió en nuevo dictador. Al terminar su primer periodo, y viéndose perdido frente a la oposición, suspendió las elecciones y permaneció en el poder, apoyado por Estados Unidos, el patrocinador de dictadores latinoamericanos del siglo XX.

En 1958 Pérez Jiménez fue depuesto por un movimiento cívico-militar que dio al país 30 años de democracia con gobiernos, si bien tan imperfectos como todos, surgidos de la voluntad ciudadana. Sin embargo, la ebullición política no paraba y menos ante una economía con grandes altibajos.

En 1976 se nacionalizó el petróleo; 20 años después, la Apertura petrolera permitió la inversión privada en el ramo.

Mientras tanto emergió dentro de las fuerzas armadas una corriente autocalificada nacionalista, patriótica y progresista, encabezada por el Teniente Coronel Hugo Chávez, que intentó, sin éxito, un golpe de Estado en 1992. A pesar del fracaso y de caer en prisión, Chávez se tornó una figura sobresaliente que ganaba adeptos día a día.

En 1998 consiguió aglutinar a varios partidos alrededor de su candidatura y obtuvo la presidencia por la vía electoral. El planteamiento de llamar a una Asamblea Constituyente para establecer un nuevo marco político, un nuevo régimen y una nueva República fueron sus ofertas políticas. La mayoría del pueblo no escuchó los mensajes negativos y se volcó de manera masiva a consolidar el triunfo de Chávez, con el cual se inició un oscuro período de la historia política de ese país.

Sabemos el resto: Hugo Chávez murió en la silla presidencial y se la heredó en 2013 a su hijo político, el tiránico Nicolás Maduro. ¿Hasta cuándo? Probablemente también de por vida.

Así que la hermosa Venezuela seguramente envidia la suerte de alguna tierra menos rica en recursos.


miércoles, marzo 08, 2023

SIMONE DE BEAUVOIR

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Aprovechemos, amigos, este mes de la mujer para hablar de una figura central para la filosofía, las letras y también para eso ahora llamado “estudios de género”.  

Se trata de Simone de Beauvoir, una mujer única, que fuera la pareja sentimental e intelectual del existencialista Jean Paul Sartre.    

Esta filósofa, constituye un personaje de referencia en mi formación. Y no porque sea yo tan antigua ni porque haya vivido en Francia...  Resulta que mi abuela materna, ella sí, contemporánea de Simone, era también una mujer contestataria, rebelde, que no perdía ocasión para demostrar que sus capacidades no eran inferiores a las de ningún varón.  Autodidacta y lectora insaciable, una de las autoras favoritas de mi abuela era, por supuesto, Simone de Beauvoir, con quien tenía un curioso parecido físico.  

Desde mi infancia, mis mejores lecturas eran las recomendaciones de esa abuela, quien alimentaban mi voracidad por los libros. Leí pues, las Memorias de una joven formal, durante mi adolescencia. Continué, ávida, con los siguientes tomos de la autobiografía de la autora. Admiré, como ella, a Jean Paul Sartre y devoré a Camus y a Gide. Me transportaba con la imaginación y gracias a las fotografías de mis libros de texto del Colegio Francés, al París de los cafés poblados por artistas y escritores que hacían de esos sitios llenos de gente, su lugar de trabajo. 

Pero más allá de mis recuerdos, hablemos un poco de esta importante figura.

Simone nos legó una vasta obra que comprende novelas y ensayos filosóficos. Entre los segundos se encuentra el Best seller que constituye una de las piedras fundamentales del movimiento feminista: El segundo sexo, aunque ella no se consideraba a sí misma feminista, sino solamente defensora de la igualdad. Se definía como un ser con corazón de mujer y cabeza de hombre. Tal definición encierra algunas de las contradicciones de la Beauvoir que quizá no han sido suficientemente analizadas. Ella estaba segura de que hombres y mujeres estamos dotados de capacidades iguales. Así lo sostuvo no sólo en ese libro fundamental, sino a través de toda su obra. Sin embargo, guardaba una posición ambigua, yo diría que de inferioridad, hacia Sartre, por quien sentía una admiración que rayaba en la devoción. Por un lado, eran colegas, compañeros, discutían y revisaban sus trabajos. En su libro La fuerza de la edad, ella afirma: Éramos de una misma especie y nuestro entendimiento duraría tanto como nosotros… Pero a través de su propio relato se percibe en muchos momentos una especie de subordinación.

Su relación amorosa, muy poco convencional, tuvo también algunos tintes de desigualdad. Simone habla en sus memorias de que, durante los primeros años de su relación con Jean Paul, vino a formar parte de su vida una joven de origen ruso, Olga, alumna de ella, con quien Sartre tuvo relaciones; el asunto se convirtió en un triángulo amoroso del que Simone salió bastante lastimada. Porque a pesar de poseer cabeza de hombre, que quería decir, un claro poder de raciocinio, poseía corazón de mujer, es decir, una gran sensibilidad, capacidad de amar y, por ende, una naturaleza fácilmente herible con los reveses del amor.

Jean Paul Sartre fue el gran amor de Simone, pero nunca lo expresó en términos románticos pues, fiel a su militancia existencialista, a su defensa de la libertad en todos los aspectos, se guardó de traicionar dichos principios hablando de dependencia. Pero lo refleja a gotas a través de toda su obra y también de su vida. La experiencia con Olga y Sartre, el triángulo amoroso, le sirvió de inspiración para su primera novela, La invitada, con la que inició su obra literaria propiamente dicha. En esta novela, como en las posteriores, la ficción no está enraizada en la imaginación de la autora, tampoco en anécdotas ajenas o en la historia. Se desplanta a partir de sus propias vivencias. Ella está ahí, en los zapatos de alguno de sus personajes y, con ella, los seres y las situaciones de su realidad. Sartre la animaba a escribir sus sentimientos íntimos: Yo tenía una forma particular de sentir, de reaccionar a todo y era esto lo que debía expresar…, confiesa.

En efecto, esta gran autora, afortunadamente para quienes podemos gozar de sus letras, llevó sus vivencias y pensamientos al papel. Era, antes que nada, una escritora. En sus propias palabras: Una mujer “escritora” no es una mujer que escribe sino alguien en quien toda la existencia está dirigida por la escritura.

Que sea marzo, amigos, un buen momento para acercarnos a Simone de Beauvoir, a su sensibilidad, pensamiento, gusto por la vida y a su escritura comprometida. Pero también, por qué no, una motivación para atrevernos a sentir y a vivir de acuerdo con nuestras propias ideas.


Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

EL NIÑO BENITO JUÁREZ

--> DE LIBROS Y OTROS PLACERES Un personaje que no debemos olvidar, por su importantísimo legado a la formación de este país, es...