Mis novelas

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jueves, septiembre 28, 2023

MÉXICO Y LOS SISMOS

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Nunca estamos listos para el profundo impacto provocado por los fenómenos de la Naturaleza. Se trate de huracanes, tsunamis, tornados o los devastadores sismos que han marcado, una y otra vez, con escenas de muerte, dolor y destrucción la memoria universal.

Nuestro México tiene un largo historial de terremotos dadas las condiciones de su subsuelo: esas placas que conforman la corteza terrestre, la cual no es una masa uniforme, sino una especie de suma de pedazos que están, como el planeta mismo, en continuo movimiento. Muchas son las explicaciones científicas que hemos oído, visto y leído en años recientes, cuando un incremento en esta actividad provocó, tanto en 2017 como en 2022, movimientos telúricos que produjeron daños mayores y, por su intensidad, pasaron a formar parte de la histórica lista de graves terremotos en nuestro territorio.

Para quienes tengan curiosidad sobre este tema, recomiendo consultar la monumental obra de los investigadores Virginia García Acosta y Gerardo Suárez Reynoso, titulada Los sismos en la Historia de México, publicada por la UNAM, CIESAS Y EL FCE, en dos extensos tomos que recogen datos y descripciones de todos los terremotos documentados desde el año 1 Pedernal.

En ella podremos enterarnos de que los habitantes de Mesoamérica han sido víctimas de dichos fenómenos naturales desde siempre.  Claro que, en tiempos prehispánicos no provocaban la destrucción masiva que acontece en nuestros días, pues las casas eran de material ligero y las pirámides, debido a su forma, no se caían con los temblores, además, no había la concentración poblacional de hoy. En aquella época los sacerdotes decían que eran causados por el ollin, que es el movimiento de los astros. Temblor en náhuatl se dice tlalollin, es decir, movimiento de la tierra. Explicaban que, cuando Venus se ponía en el horizonte y luego reaparecía en el oriente a la mañana siguiente, había tenido que caminar bajo tierra en plena oscuridad, y a veces se tropezaba: eso era un temblor. Los temblores más fuertes ocurrían cuando era el Sol quien tropezaba.

Una vez conquistado y evangelizado por los españoles el antiguo Imperio Mexica, junto con sus pueblos vecinos, la explicación no dejó de ser de índole religiosa. Los frailes aprovechaban estos fenómenos para hablar a los naturales de la ira de Dios por los pecados de la gente. Los conminaban a la obediencia, el tributo, la oración y la penitencia para calmar el enojo del creador.

Desde luego, el tipo de construcciones coloniales de piedra, no siempre bien cimentadas y equilibradas, los techos más pesados y las iglesias con bóvedas y campanarios, sufrían daños severos y con frecuencia había víctimas humanas.

Varios sismos se encuentran descritos en las crónicas junto con las medidas religiosas que se tomaban. Por ejemplo, en septiembre de 1754, el arzobispo de México llamó a una procesión dedicada a San José “a fin de aplacar la divina justicia en los terremotos experimentados”.

 En 1875, en Guadalajara, “una procesión de penitentes desnudos, con crucifijos y luces, recorrieron las calles de la ciudad… todos con velas y algunos descalzos, en señal de penitencia”.

Aún hoy, cuando se sufren terremotos que se suman a la lista de destructores movimientos telúricos, no falta quien quiera darles explicaciones religiosas, mágicas y paranormales. Tampoco ha conseguido la ciencia la tan deseada posibilidad de predecirlos… y, desgraciadamente, hay quienes siguen construyendo sin tomar en cuenta este riesgo que es una certeza: seguirá temblando en el territorio nacional. Asimismo, siempre hay gente sin escrúpulos que trata de aprovechar la desgracia para manipular y obtener beneficios personales.  Afortunadamente, somos testigos también de muchas muestras de solidaridad, empatía, cooperación y generosidad.

En suma, la Naturaleza es poderosa e impredecible…Y la condición humana comparte esos adjetivos.

jueves, septiembre 21, 2023

LA INSURGENCIA EN EL ESTADO DE MÉXICO

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Hacia fines del siglo XVIII, la autoridad colonial decidió reorganizar el territorio de la Nueva España en doce intendencias, para las cuales utilizó la división que la Iglesia católica otorgaba a las distintas diócesis.  Así pues, correspondió a las tierras que circundaban la capital del país, el apelativo de Intendencia de México. Comprendía esta cerca de 115,000 km2, abarcando los actuales estados de Hidalgo, Morelos, Guerrero y México, además, desde luego, el después llamado Distrito Federal, hoy Ciudad de México. En este enorme y diverso territorio se gestaban un sinnúmero de conflictos. La mayoría del orden de la propiedad de las tierras y aguas, amén de los problemas provenientes de cuestiones raciales o de castas. Los pueblos de indios, cuya población había crecido considerablemente, eran focos de tensión donde la semilla de la insurrección prendería como fuego en leña seca. Por otra parte, siendo el centro neurálgico de la Colonia, la influencia de las ideas ilustradas era fuerte y directa.

Así pues, cuando el ejército popular comandado por don Miguel Hidalgo y Costilla, en su camino obligado hacia la capital de la Colonia, pasó por el actual Estado de México, no tuvo dificultad alguna para sumar, a los cerca de 50,000 hombres que lo seguían desde Guanajuato y Michoacán, 30,000 más que se le unieron  desde El Oro y Temascalcingo, San Felipe e Ixtlahuaca hasta Toluca, y luego en Metepec, Atenco y Santiago Tianguistenco, armados en su mayoría sólo con palos y machetes, para enfrentarse y vencer a los realistas en el Monte de las Cruces.

A pesar de que Hidalgo fracasó muy poco tiempo después de esta gran victoria y fue aprehendido, juzgado y ejecutado, el movimiento no dio marcha atrás, encabezado por otros importantes líderes, entre ellos José Ma. Morelos y Pavón e Ignacio López Rayón.  Fue este último quien aglutinó a su alrededor a una serie de personajes de nuestro estado: en el norte del mismo sobresalieron Miguel Sánchez y los Villagrán; en el sur, en Amanalco y Temascaltepec, dos parientes del cura Hidalgo: Tomás y Mariano Ortiz. Joaquín Canseco salió de Tenancingo con indios de veinte pueblos hacia Tenango, para reunirse con José María Oviedo, lugarteniente de López Rayón. Ya bajo el mando de Oviedo intentaron tomar Toluca, pero fueron rechazados por los realistas y tomados prisioneros, para ser luego ejecutados en la plaza principal de dicha ciudad, que por esta acción tomó el nombre de Plaza de los Mártires.

Perdido Zitácuaro como bastión insurgente, la Suprema Junta Nacional se mudó a Sultepec. Allí, el doctor José María Cos publicó los periódicos insurgentes “El Ilustrador Nacional” y luego “El Ilustrador Americano”.

Posteriormente, cuando tanto Morelos como López Rayón cayeron en manos de los realistas y fueron ejecutados, el movimiento tomó nueva fuerza en el sur, en el actual estado de Guerrero (que por entonces era parte de la Intendencia de México), nombrado así en honor de Vicente Guerrero, el último gran caudillo de la Independencia quien, al pactar la alianza con Iturbide y formar el Ejército Trigarante, llevó a término esta guerra.

Además de los caudillos mencionados, otros mexiquenses formaron parte de esa heroica gesta. Entre ellos destacan:

José Rafael Polo Díaz De La Vega

Nació en San Nicolás de los Cerritos, Estado de México y murió en Los Mogotes, Michoacán (1781-1814). Insurgente que con sus hermanos Manuel y José Trinidad armó un cuerpo de caballería que se unió a las fuerzas de Ignacio López Rayón. Participó en la defensa de Zitácuaro y mantuvo activas las guerrillas del Estado de México.

José Manuel Izquierdo

Oriundo de Sultepec, Estado de México, estudió la carrera eclesiástica. Al conocer el movimiento armado del cura Miguel Hidalgo y Costilla, se unió a las tropas del militar Mariano Ortiz. En 1811 fue nombrado coronel de las tropas del cura José María Morelos y Pavón y Leonardo Bravo.

Participó en las batallas de Tenango del Valle, Cutzamala y la de Sultepec; en 1813 fue nombrado comandante interino de este último distrito.  Su padre, Don Nicolás Izquierdo fue aprehendido por los realistas para amenazar a José Manuel y hacerlo desertar de las filas insurgentes, pero éste no aceptó y el padre fue ejecutado.

Siguió siendo perseguido por el ejército realista y obligado de retirarse a Michoacán.  Apoyó el Plan de Iguala y el 27 de septiembre de 1821, entró a la ciudad de México junto a las tropas de caballería con el Ejército Trigarante, murió en Sultepec en 1833.

Pedro Ascencio de Alquisiras

Nació en Tlapa de Comonfort, Guerrero, en el año de 1778, de origen indígena y profesión de arriero, dejó su pueblo natal para enlistarse en las filas del ejército insurgente y convertirse en guerrillero suriano.

Fue Capitán de Caballería a las órdenes de Don José María Rayón, quien le otorgó el mando de 50 hombres con los que militó de 1814 a 1816. Después de varios episodios en los que demostró su valor, se presentó ante el General Vicente Guerrero con 3000 hombres, convirtiéndose en el brazo derecho de este personaje.

En la última etapa de la independencia, cuando parecía que todo el territorio de la Nueva España se encontraba pacificado, Pedro Ascencio se fortificó en el cerro de la Goleta desde donde solía hacer frente al ejército realista; en numerosas ocasiones le fue ofrecido el indulto por Agustín de Iturbide, el cual fue siempre rechazado para no traicionar su ideal de completa independencia del dominio español sin negociación alguna con los realistas.

Dentro de sus batallas más conocidas encontramos la de San Pablo, el 25 de enero de 1821. Nunca estuvo de acuerdo con la unión de Guerrero e Iturbide, por lo que no aceptó el Plan de Iguala. En un intento por tomar el pueblo de Tecala fue sorprendido por el ejército del General Cristóbal Huber y herido con un machetazo en la cabeza murió el 2 de Junio de 1821. Al cuerpo de Pedro Ascencio de Alquisiras le fue cortada la cabeza para ser expuesta en Cuernavaca.

Manuela Medina “La Capitana”

Nació en el pueblo de Taxco (actual estado de Guerrero); existe una contradicción en su apellido, ya que algunos afirman que es Manuela Medina y otros Molina; de origen indio, realizó servicios a la causa insurgente hasta que se le otorgó el grado militar en los primeros meses de 1813 por la Suprema Junta de Zitácuaro.

Combatió a lado de José María Morelos y Pavón en la toma del Puerto de Acapulco; no se tiene noticia de que haya aceptado alguno de los indultos que ofreció el virrey Apodaca, ni siquiera en la etapa más crítica de la insurgencia.  No hay registro de que esta mujer se acercara a colaborar con el ejército Trigarante ya que, en el momento de la consumación de la Independencia, Manuela se recuperaba en una casa de Texcoco al haber sido herida en uno de los combates con las tropas realistas. Murió pobre y calladamente el 2 de mayo de 1822.

jueves, septiembre 14, 2023

EL 11 DE SEPTIEMBRE

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Para la mayoría de mexicanos la fecha 11 de septiembre solamente se relaciona con un evento no muy lejano en el tiempo, dramático sin duda, pero ajeno a la historia nacional: el derribamiento de las torres gemelas de Nueva York. Sin embargo, pocos estamos conscientes de que esa fecha, 11 de septiembre, fue por años tan celebrada como el 16 del mismo mes, pues conmemora un hecho que consolidó para siempre la independencia de nuestro país.

Cuando hablamos de que el 27 de septiembre de 1921 España, a través del Virrey Juan O’Donojú, reconoció la independencia de una de sus más lucrativas colonias: la Nueva España… ¿nos resulta lógico que se hayan quedado así, tan tranquilos, y no hubieran intentado recuperar tan jugosa propiedad?

Desde luego que lo intentaron. Unos pocos años después, en 1928, el rey Fernando VII, junto con su Consejo, elaboró un plan para emprender la reconquista. Consistía en enviar tropas desde Cuba (que todavía era su colonia) y tomar por sorpresa al ejército de nuestro país. Allá en la Península Ibérica se pensaba que la mayoría de los mexicanos suspiraban por los tiempos coloniales y que sólo era cosa de tomar un par de ciudades y convocar a esos ciudadanos nostálgicos a reorganizar el gobierno bajo la corona hispánica.

Existía desde luego tal sentimiento y no eran pocos los que, dado el desorden político que se vivía en nuestra tierra, pensaban que más valía volver a lo “malo por conocido” que seguir dando tumbos en busca de un nuevo orden por conocer.

Así pues, se fraguó el proyecto de invasión, supuestamente secreto. Pero tal secreto llegó a oídos del gobierno a través de su cónsul en Nueva Orléans. El entonces gobernador de Veracruz, Antonio López de Santa Anna recibió también noticias, gracias a los contactos que tenía en la isla, de los pormenores de aquel plan nefasto.

A ese hombre podemos contarle mil defectos, pero no negaremos que algunos de sus rasgos resultaban muy propicios para la acción: era astuto, arrojado, ambicioso y hábil para dirigir tropas. Es imaginable el estado de ansiedad en el que entró desde que recibió aquella información. Enseguida bombardeó con cartas al presidente Guerrero solicitando recursos para preparar a su ejército. Sugirió también que se le diera el mando por encima de los otros contingentes que se alistaban para la defensa.

El 28 de julio de 1829 las tropas españolas desembarcaron al norte de Tampico. Los días 2 y 3 de agosto las tropas españolas se apoderaron de Tampico el Alto y Pueblo Viejo. El día 4, prácticamente sin combatir, tomaron el Fortín, la bandera española ondeó en el fuerte mexicano.

De inmediato, Santa Anna al frente de unos 1,000 hombres zarpó de Veracruz a combatir a los invasores. Como esperaba, se le nombró general de división y general en jefe del Ejército de Operaciones. Su primer plan fue sorprender a los españoles, embarcando a sus hombres en barcazas que entrarían, silenciosas en medio de la noche, por el río Pánuco para atacar el Fortín, asegurar el armamento del enemigo y de esa manera anularlo. Sin embargo, un torpe tiro se le fue a uno de sus hombres y tuvo que combatir anticipadamente y rehacer toda la estrategia.

Vale la pena repasar acción por acción la cadena de aciertos de ese entonces joven general que, a pesar del mal clima, de lo que tardó en recibir el apoyo de las demás divisiones y de la falta de disciplina militar de la mayor parte de sus reclutas, aprovechó bien las oportunidades que fueron surgiendo y obtuvo finalmente una victoria apabullante sobre éste, el último intento de España de recuperarnos como una de sus colonias.

De allí obtuvo Santa Anna los sobrenombres de “Héroe de Tampico” o “Héroe del Pánuco” y su prestigio aumentó de tal manera que se convirtió en el candidato favorito de los siguientes treinta años tanto para asumir la presidencia como para encabezar ejércitos en las siguientes guerras contra extranjeros: contra Francia en 1838, con éxito al defender el puerto de Veracruz y frustrar la invasión a nuestro territorio (en esta batalla perdió esa pierna que tantas aventuras contaría); contra los Estados Unidos, infructuosamente, tanto en la llamada Guerra de Texas en 1836 (remember The Alamo, como dicen todavía los norteamericanos) y en la también desafortunada defensa de la Ciudad de México durante la Invasión norteamericana en 1848, que nos costó la mitad del territorio.

En el tiempo en que Santa Anna estuvo en el poder, el 11 de septiembre se festejaba con platillo y bombo el haber evitado la reconquista de México por España, pero después, castigado justamente por la historia, esta fecha (que debería, pienso, aislarse de ese castigo) ya ni siquiera aparece en los calendarios cívicos.

 

 

jueves, agosto 31, 2023

EDGAR ALLAN POE

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Hablemos hoy de uno de los más grandes escritores de la historia: Edgar Poe, originario de Boston, donde nació en 1809. Edgar tomaría más tarde el apellido Allan en agradecimiento a su padre adoptivo, pues el matrimonio Poe murió cuando Edgar y sus hermanos eran pequeños.

Con los nuevos padres, Edgar vivió por un tiempo en Chelsea, Inglaterra y luego volvió a los Estados Unidos. El ambiente inglés y esa infancia y adolescencia marcadas por pérdidas y mudanzas, influyeron no solamente en su personalidad retraída y taciturna, sino en la temática de su obra literaria, poblada de historias y personajes inquietantes y terroríficos.

Sus numerosas obras comenzaron a publicarse desde 1827, es decir, cuando Poe era todavía un autor muy joven. Su obra incluye poesía, cuentos y ensayos, notorios por su perfección técnica que puede medirse matemáticamente.

A poco tiempo de cumplir cuarenta años, víctima del alcoholismo, alejado de la gente por su comportamiento errático y, seguramente, acosado por visiones y pesadillas, murió en Nueva York este genio de la literatura, legándonos una obra inigualable. Alrededor de su muerte, como en sus cuentos, se teje una serie de misterios. Algunos la achacan al alcoholismo; otros aseguran que fue asesinado. Hay quienes dicen que se le encontró en la calle, inconsciente, frente a un hospital de Baltimore, ignorándose cómo o por qué llegó hasta aquella ciudad.

En donde fuera su primera tumba, se colocó una piedra con la inscripción: Quoth the raven, nevemore, en alusión a su poema El cuervo, quizás la obra con la que más se identifica a este escritor.

Aunque al traducirlo, pierde la exactitud matemática, el poema conserva la magia que eriza la piel. Aquí algunos fragmentos:

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,

mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,

inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,

cabeceando, casi dormido,

oyóse de súbito un leve golpe,

como si suavemente tocaran,

tocaran a la puerta de mi cuarto.

"Es -dije musitando- un visitante

tocando quedo a la puerta de mi cuarto.

Eso es todo, y nada más."

 

Y el crujir triste, vago, escalofriante

de la seda de las cortinas rojas

llenábame de fantásticos terrores

jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,

acallando el latido de mi corazón,

vuelvo a repetir:

"Es un visitante a la puerta de mi cuarto

queriendo entrar. Algún visitante

que a deshora a mi cuarto quiere entrar.

Eso es todo, y nada más."

 

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,

y ya sin titubeos:

"Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,

mas el caso es que, adormilado

cuando vinisteis a tocar quedamente,

tan quedo vinisteis a llamar,

a llamar a la puerta de mi cuarto,

que apenas pude creer que os oía."

Y entonces abrí de par en par la puerta:

Oscuridad, y nada más.

 

Escrutando hondo en aquella negrura

permanecí largo rato, atónito, temeroso,

dudando, soñando sueños que ningún mortal

se haya atrevido jamás a soñar.

Mas en el silencio insondable la quietud callaba,

y la única palabra ahí proferida

era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"

Lo pronuncié en un susurro, y el eco

lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"

Apenas esto fue, y nada más.

 

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,

toda mi alma abrasándose dentro de mí,

no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.

"Ciertamente -me dije-, ciertamente

algo sucede en la reja de mi ventana.

Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,

y así penetrar pueda en el misterio.

Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,

y así penetrar pueda en el misterio."

¡Es el viento, y nada más!

 

De un golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró

un majestuoso cuervo

de los santos días idos.

Sin asomos de reverencia,

ni un instante quedo;

y con aires de gran señor o de gran dama

fue a posarse en el busto de Palas,

sobre el dintel de mi puerta.

Posado, inmóvil, y nada más.

 

Entonces, este pájaro de ébano

cambió mis tristes fantasías en una sonrisa

con el grave y severo decoro

del aspecto de que se revestía.

"Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-.

no serás un cobarde.

hórrido cuervo vetusto y amenazador.

Evadido de la ribera nocturna.

¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"

Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

jueves, agosto 17, 2023

LAS SIRENAS

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La creencia en seres míticos, mitad pez, mitad humanos, llamados comúnmente tritones, cuando su género es masculino y sirenas, si es femenino, es común a una gran mayoría de culturas antiguas y continúa vigente, a veces apoyado en testimonios y hasta fotografías. El rumor más reciente proviene de nuestro país, de las costas de Campeche, donde varias personas aseguraron haber encontrado, en la playa, cadáveres de hombres-pez que no pudieron fotografiar, así como otra, cuya imagen apareció en algunos medios, hallada en octubre de 2008 en San Petesburgo, Florida.

Algunos investigadores plantean la hipótesis de que estos son los auténticos eslabones perdidos, apoyados en la teoría darwiniana de que la vida proviene del mar. Son los humanoides marinos, aseguran ellos, que se quedaron a medias en el proceso evolutivo.

Otro supuesto afirma que estos seres acuáticos provienen de un planeta llamado Sea (igual a mar, en inglés), que se encuentra a una distancia entre 80 y 85 años luz de la tierra, a donde llegaron hace miles de años.  Quienes creen en esta posibilidad explican el canto de las sirenas como un verdadero intento de comunicación telepática de estos anfibios, para atraer a los humanos por quienes se sienten en verdad fascinados. Las ondas telepáticas son tan poderosas, que producen una especie de hipnotismo del que no puede escaparse.

Aunque ahora ya consta la existencia de seres extraterrestres, ninguna de tales explicaciones ha resultado suficientemente probada para aceptarla como científica, pero la realidad es que, como mitos, leyendas, decires y rumores, estos seres se han hecho presentes en la historia de la humanidad.

El primer tritón registrado en la historia fue Ea, un dios babilonio con cola de pez, que dominaba sobre el mar, la luz y la sabiduría, a quien ya se adoraba en Acad en el año 5000 a.C. En Siria se creía que la diosa Derceto había recibido la cola de pez como castigo por matar a uno de sus sacerdotes y abandonar a su hija. En Grecia fue Atargatis, diosa de la luna, protectora de la fecundidad y del amor, una mujer-pez que, en el lago Ascalón, pudo salvarse junto con su hijo gracias a su cola acuática. También entre los mitos griegos está el de las trescientas hijas de Océano y Tetis, todas sirenas, que poblaron los mares. Entre ellas, las Nereidas habitaban una isla en el Mediterráneo y cantaban para complacer a su padre, aunque con ese canto atraían también a los marinos. Ulises, durante su viaje de regreso a Ítaca, se prepara para no sucumbir a ese canto: tapa a sus hombres los oídos con cera y les pide que a él lo aten fuertemente al mástil de su embarcación, para no sucumbir al canto de las sirenas pero poder disfrutarlo. Gracias a ello se salvan del naufragio, como sucedía a todo el que pasaban por ahí.

Los marinos del Mar del Norte también temían el canto de las sirenas. En la Edad Media, las representaciones de estos seres anfibios fueron motivo favorito para decorar manuscritos y como altorrelieves en iglesias y catedrales.

Durante el siglo XIX creció la fascinación por las sirenas. En ferias, circos y exposiciones abundaron las sirenas falsificadas, que atraían numeroso público.

A través de todos esos siglos, aun milenios, no han faltado quienes juran haber visto o escuchado a estas seductoras habitantes del mar y de las lagunas. En las culturas mesoamericanas también existen seres mágicos y deidades semejantes.

Aquí, en el Valle Matlatzinca regado por el río Lerma y sus lagunas, los antiguos pobladores aseguraban haber visto, entre los tules, a una poderosa señora, con torso y cabeza de mujer, hermoso rostro y larga cabellera. El resto de su cuerpo era mutable: tomaba la forma de una gruesa serpiente acuática, si su ánimo era fiero; un pez, cuando apetecía nadar por las lagunas y colmar las redes de los pescadores a quienes atraía con su canto; piernas humanas, si deseaba salir del agua e ir a las aldeas, en busca del elegido de su corazón.

Esta maga anfibia tenía poderes adivinatorios: había que consultarla antes de la pesca y de la batalla, de la siembra o del matrimonio. Su nombre, según los otomíes, era Acpaxapo, una diosa acuática, hija de la Luna, madre y creadora de todo ser vivo. Los matlatzincas, hombres de la red, confiaban en ella para mantener el equilibrio entre tierra y agua, condición necesaria para que no faltase el alimento. En náhuatl se decía que era la hechicera de la laguna, madre de los peces, Atl tonan chane, a quien después llamaron Tlanchana. 

viernes, agosto 11, 2023

CARLOMAGNO

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Decíamos alguna vez que Napoleón Bonaparte se llamaba a sí mismo descendiente de Carlomagno, no por sangre, sino por grandeza. Ambos reinaron sobre Francia, los dos extendieron las fronteras de ese país hasta abarcar casi toda Europa. Sin embargo, la era napoleónica duró unos cuantos años, mientras que el reinado de Carlos I el Grande, o Carlomagno, se prolongó por casi medio siglo: desde 768 hasta 814, año en que murió con la corona imperial ceñida, a diferencia del corso, que terminó sus días en el exilio y la desgracia.

A Carlos, hijo del chaparrito Pipino el Breve, se le representa como un hombre alto, rubio, corpulento, de barba rizada y anchísimo cuello, una especie de vikingo con corona de oro y vestiduras profusamente bordadas con mismo metal y piedras preciosas. Tal vez tanta elegancia lo hizo instituir el uso del tenedor, pues antes de él hasta los nobles comían con las manos, llenándose de grasa las vestimentas. Sin embargo, afirma su biógrafo Eginardo que el rey sólo vestía así para ocasiones oficiales y que, en el día a día, optaba por el atuendo plebeyo.

Pero obviamente, Carlomagno no ha pasado a la historia por fino o elegante, ni por su amor por la princesa lombarda Desirée o por haberla repudiado al poco tiempo para cambiarla por la adolescente Hildegarda, a pesar de los problemas políticos que esto le acarrearía, pues el suegro ofendido estuvo a punto de hacer caer del trono a Carlomagno, sino por su astucia, su valor y su buena fortuna, que le permitieron concluir la unificación de los reinos francos y germanos, iniciada por su abuelo Carlos Martel, y constituir un nuevo imperio, sucesor del Imperio romano de Occidente caído tres siglos atrás.

Me refiero a su buena suerte precisamente en el conflicto con el rey lombardo Desiderio, quien ya había entrado en pláticas con Carlomán, el hermano de Carlomagno, para acabar con éste y ceñir, en la cabeza de Carlomán, las coronas de los dos reinos heredados del padre. Pero justamente antes de que el conflicto llegase a las armas, el conspirador murió y Carlomagno se aprestó a conseguir el apoyo del recién nombrado papa Adriano I. Este golpe de suerte aunado al rápido y astuto movimiento político, además de vencer a los lombardos en un sitio prolongado, le valieron los laureles imperiales, recibidos en el Vaticano de manos del propio pontífice. Se constituyó entonces el Sacro Imperio Romano Germánico, un imperio romano occidental ligado a la Iglesia Católica.

El gobierno de este emperador sentó las bases del futuro de Europa en varios ámbitos: En el económico, su moneda, la libra carolingia (unidad tanto monetaria como de peso, pues se trataba de una libra de plata), es el antecedente del actual euro, aceptado en todo el territorio imperial que abarcaba casi toda la Europa continental, hasta los límites del Imperio Otomano.

Estableció también el principio de la moderna administración pública, implantando normas para el registro de ingresos y egresos del gobierno. Controló los precios de algunas mercancías y gravó el de otras, además de prohibir la usura.

Este gobernante fue un gran promotor de la cultura y las artes, pues era un fanático del aprendizaje. Estudió gramática, retórica, dicción, astronomía y aritmética. Ordenó que todos sus descendientes recibieran una educación refinada. Durante su reinado, se multiplicaron las escuelas monásticas, donde alumnos y maestros copiaron infinidad de manuscritos. Se dieron becas para estudiar artes liberales. A su tiempo se le denomina “renacimiento carolingio”.

Pero no hay personaje sin paradojas y rarezas y Carlomagno, protector del papado, no es la excepción: nunca permitió a ninguna de sus hijas contraer matrimonio. Sin embargo, les permitía tener relaciones extramatrimoniales dentro de la corte, y reconocía y amaba a sus nietos, frutos de estas uniones. Quizá evitaba así empoderar a extraños convirtiéndolos en yernos oficiales o, tal vez, sólo deseaba tener a sus hijas y nietos bajo su techo y autoridad.

jueves, agosto 03, 2023

LOS JUDÍOS

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El complejísimo conflicto, aparentemente irremediable, que se dirime en Palestina desde hace décadas, ha exacerbado en todo el mundo sentimientos antisemitas, esa animadversión ancestral por el pueblo judío. Sentimiento que explotó y utilizó, durante el siglo pasado, el movimiento nazi para manipular al pueblo alemán y a sus aliados y embarcarlos en un holocausto que todavía hoy, a más de medio siglo, sigue avergonzando a la humanidad.

Este 6 de agosto, se cumple un año más de un hecho bélico sin precedentes: el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, al que siguió otra sobre la ciudad de Nagasaki, dejando un saldo de muerte y destrucción nunca antes visto por la humanidad. Con esto se puso fin a la guerra más sangrienta de la historia, que reunió víctimas en varios rincones del planeta. Las muertes de esos japoneses, casi todos civiles, se sumaron a los 6 millones de víctimas judías, también civiles de todas edades, en los campos de exterminación nazis. Deleznables hechos que nos muestran la terrible crueldad de que somos capaces los humanos, la posibilidad de la demencia colectiva y nuestra fatídica tendencia al racismo.

Concerniente al racismo, el tema del antisemitismo es complejo, ancestral y atañe a casi toda la humanidad. Desde los capítulos más antiguos de su historia, los judíos se han visto obligados a abandonar países como Mesopotamia, guiados por Abraham, Egipto, tras su líder Moisés; España, Portugal y sus colonias, en tiempos de los Reyes Católicos; el Imperio Ruso, en la época de los Progroms y la Europa nazi, persecución que desembocó en el Holocausto.

El pueblo judío de la Diáspora (es decir, disperso o “regado” por el mundo), tiene características que le han permitido sobrevivir a través de milenios, conservar su cultura y también, ser odiado por muchos. Una de ellas es la unión y solidaridad al interior de estas comunidades, que además entran en auxilio de sus semejantes de lugares remotos cuando los amenaza el peligro. Otra que los convierte en el blanco de las críticas, es su innegable éxito económico dondequiera que emprenden sus negocios. Además, la vocación de excelencia: entre los profesionales más brillantes de diversas áreas (médicos, científicos, políticos, humanistas, artistas), siempre figuran los judíos. Alegan sus historiadores que han sido judíos los hombres que han cambiado al mundo, y yo nada más enuncio algunos nombres: Moisés, Jesucristo, Cristóbal Colón, el arzobispo Torquemada, Carlos Marx, Albert Einsten, Isaac Newton, el propio Hitler, Sigmund Freud, Henry Kissinger.

De lo que pocos estamos conscientes, es de tener, casi todos, algún antepasado judío en nuestro árbol genealógico. Aún sus enemigos árabes comparten con ellos nada menos que al padre Abraham.

Traduzco aquí un fragmento del libro Les juifs, de Roger Peyrefitte, que ilustra contundentemente el tema en cuestión: 

El 1º. de enero de 1963, fiesta de la Circuncisión de Nuestro Señor, el General De Gaulle no pensaba, sin duda, en sus ancestros los judíos Kolb, el Canciller Adenauer en sus ancestros los judíos Adenauer, el Presidente de la República Italiana en sus ancestros los judíos Segni, el Rey de Suecia en su antepasado mitad judío Bernardotte, el Ex rey de Italia en sus ancestros maternos los judíos montenegrinos Petrovitch Niégoch, el Archiduque Otto de Habsburgo en su antepasada la judía Henríquez, madre de Fernando el Católico, el Rey de los belgas en su antepasada la judía Pereira de donde descendía su bisabuela Bragance, el Príncipe Bernhard de los Países Bajos en su antepasada la judía Pacheco; la Reina Elizabeth en sus ancestros maternos, los judíos Bowes-Lyon, el Duque de Edimburgo en sus ancestros los judíos Haucke, tampoco en la Casa Blanca, el Presidente Kennedy pensaba en sus ancestros los judíos Kennedy y el Vicepresidente Johnson en sus ancestros los judíos Johnson. (…) En la Habana, Fidel Castro probablemente no pensaba tampoco en sus antepasados los judíos Castro ni en Madrid el General Franco en sus ancestros los judíos Salazar. Al lado de estos ilustres personajes, gloria de la conservación del prepucio, el jefe del Estado de Israel, Ben Zvi, constituía una figura de piedra, figura agua-fiestas porque podría decir a cada uno de ellos: “¡Acuérdate!”.

Hoy que el mundo exhibe y, con sobrada razón, rechaza las acciones de Israel en Gaza y Cisjordania, hago un llamado a la conciencia de sus autoridades, les pido voltear hacia las enseñanzas del antiguo rabino Ben Hilel que decía: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti, y les digo también: “¡Acuérdate!”

Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

EL NIÑO BENITO JUÁREZ

--> DE LIBROS Y OTROS PLACERES Un personaje que no debemos olvidar, por su importantísimo legado a la formación de este país, es...