Mis novelas

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jueves, mayo 26, 2022

LA TIERRA DE NERUDA

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Chile ha dado al mundo grandes plumas; es la cuna de autoras inmortales como Gabriela Mistral, María Luisa Bombal o la contemporánea Marcela Serrano. Por supuesto, no se puede hablar de autores chilenos sin detenerse, necesariamente, en el enorme poeta Pablo Neruda, cuyo verdadero nombre era Neftalí Reyes, nacido en la localidad chilena de Parral en 1904. Pero no sólo poesía escribió este vate; nos legó, en sus memorias tituladas “Confieso que he vivido”, el testimonio de una vida llena de experiencias, viajes, militancia, goces y sinsabores, publicada después de su muerte acaecida en 1973. Dicha obra constituye una delicia para el lector.

No podía faltar en esas memorias el retrato de su patria, del variado paisaje chileno que lo inspiró, como a tantos otros grandes autores. Comparto aquí este fragmento:

En Chile no hay elefantes ni camellos. Pero comprendo que resulte enigmático un país que nace en el helado Polo Sur y llega hasta los salares y desiertos donde no llueve hace un siglo. Esos desiertos tuve que recorrerlos durante años como senador electo por los habitantes de aquellas soledades, como representante de innumerables trabajadores del salitre y del cobre que nunca usaron cuello ni corbata.

Entrar en aquellas planicies, enfrenarse a aquellos arenales, es entrar en la luna. Esa especie de planeta vacío guarda la gran riqueza de mi país, pero es preciso sacar de la tierra seca y de los montes de piedra, el abono blanco y el mineral colorado. En pocos sitios del mundo la vida es tan dura y al par tan desprovista de todo halago para vivirla. Cuesta indecibles sacrificios transportar el agua, conservar una planta que dé la flor más humilde, criar un perro, un conejo, un cerdo.

Yo procedo del otro extremo de la república. Nací en tierras verdes, de grandes arboledas selváticas. Tuve una infancia de lluvia y nieve. El hecho solo de enfrentarme a aquel desierto lunar significaba un vuelco en mi existencia. Representar en el parlamento a aquellos hombres, a su aislamiento, a sus tierras titánicas, era también una difícil empresa. La tierra desnuda, sin una sola hierba, sin una gota de agua, es un secreto inmenso y huraño. Bajo los bosques, junto a los ríos, todo le habla al ser humano. El desierto, en cambio, es incomunicativo. Yo no entendía su idioma, es decir, su silencio.

En otra parte de “Confieso que he vivido”, describe, al hablar de su viaje al exilio forzoso, este paisaje:

La montaña andina tiene pasos desconocidos, utilizados antiguamente por contrabandistas, tan hostiles y difíciles que los guardias rurales no se preocupan ya de custodiarlos. […] La selva andina austral está poblada por grandes árboles apartados el uno del otro. Son gigantescos alerces y maitines, luego tepas y coníferas. Los raulíes asombran por su espesor. Me detuve a medir uno. Era del diámetro de un caballo. Por arriba no se ve el cielo. Por abajo las hojas han caído durante siglos formando una capa de humus donde se hunden los cascos de las cabalgaduras. En una marcha silenciosa cruzábamos aquella gran catedral de la salvaje naturaleza.

jueves, mayo 19, 2022

ANIVERSARIO DE MEXIQUENSE RADIO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

En 1983, el entonces gobernador Alfredo del Mazo González, lanzó al aire la señal de una radiodifusora estatal: Radio mexiquense, la semilla del hoy llamado Sistema de Radio y TV mexiquense.

Seguramente se inspiró el gobernador en las enseñanzas de su célebre antecesor, don Isidro Fabela, que con su genial instinto político había comprado durante su mandato, entre 1942 y 1943, el principal medio de comunicación de la capital de aquel tiempo: El Demócrata, publicado en Toluca, para convertirlo en el medio de difusión del gobierno del Estado de México.

Radio mexiquense cumpliría esa misma función: difundir las acciones y objetivos del gobierno estatal, amén de fortalecer la cultura y la identidad mexiquenses y colaborar con la educación, de forma atractiva, a través de este medio de comunicación acorde con la época, que un año después incluiría la señal de televisión.

Iniciaba así un camino ascendente que hoy posee además señal digital y es accesible en los 125 municipios del Estado y, a través de la internet y la vía satelital, alcanza prácticamente a todo el planeta.

Yo llegué a vivir a Metepec en 1985 y empecé a participar en el medio cultural un lustro después. Así que pisé las instalaciones del sistema en los noventa tempranos, en calidad de invitada de éste y aquel programa tanto de radio como de televisión.

Más tarde, en 2006, me invitaron a colaborar con un espacio semanal en el programa que entonces se llamaba Arriba el telón, y mi colaboración llevaba el simpático título de Un taquito de cultura.  Con contenidos similares, el programa cambió el nombre al actual: Vagancias y extravagancias, y mi colaboración, De libros y otros placeres.

He atestiguado pues, de manera cercana, el crecimiento de esta interesante apuesta. He visto transformarse sus instalaciones, antes sencillas y casi improvisadas, en el actual inmueble práctico, bello y provisto de tecnología de punta, pero sobre todo, he tenido el enorme placer de conocer y tratar a gente talentosa y fascinante, gente que sigue aquí, en el sistema, otros que han volado hacia medios privados y nacionales, unos que, lamentablemente, han dejado este mundo.

Algunas de las personas e impresiones que fui atesorando me inspiraron partes de mi novela Fuera de cauce, publicada en 2008 por el Instituto Mexiquense de Cultura y en 2014 por Ediciones de Autor, Editorial. Entre sus personajes está Mireya, una guapa conductora de televisión; Lucy, la entrañable maquillista y Carlos, un reportero que desea obtener un premio nacional de periodismo. En la novela se compara, de manera crítica, el quehacer de una televisora comercial y una estatal; si hoy la escribiese, seguramente describiría de muy distinta manera el entorno de la estación mexiquense.

Les cuento esto para ilustrar lo importante que ha sido para mí este tiempo al seno del sistema de radio y televisión del Estado de México. Lo grato de verlo crecer y desarrollarse, mi enorme deseo de festejar próximamente sus primeros 40 años.

Y los invito de corazón a seguirnos sintonizando, tanto en radio como en televisión… también, por supuesto, a leer y seguir leyendo cada día… libros y medios no son rivales sino complementos.

jueves, mayo 12, 2022

LAS MADRES DE MÁXIMO GORKI

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

De las madres se puede hablar eternamente, afirma uno de los más grandes autores que engendró el siglo de oro de la literatura rusa, Máximo Gorki, al iniciar un cuento de una crudeza espeluznante: La madre del traidor. En ese relato terrible, el escritor narra, en pocas páginas, la desgracia de una ciudad del medievo italiano, provocada por la traición de uno de sus habitantes que se pasa al bando contrario, provocando muerte y desolación entre sus antiguos vecinos.

Gracias a la talentosa pluma de Gorki, se retrata con realismo el momento en que Marianna, madre del traidor, recibe, sin ser reconocida, la maldición de boca de otra madre que llora sobre el cadáver de su hijo. Entonces, dice el cuento: Tapado el rostro, Marianna se alejó; a la mañana siguiente se presentó a los defensores de la ciudad y les dijo:

--Matadme, ya que mi hijo se ha convertido en enemigo vuestro, o abridme las puertas de la ciudad; iré a donde está él.

--Tú eres un ser humano –le respondieron—, y la Patria debe ser preciada para ti; tu hijo es tan enemigo tuyo como de cada uno de nosotros.

--Yo soy madre, le quiero y me considero culpable de que él haya llegado a ser lo que es hoy.

El lector no imagina –como tampoco lo hicieron los defensores de esa ciudad— el descarnado desenlace de la historia, en que la madre asesina a su vástago y luego se suicida.

Asumir de tal forma la culpa por los errores de los hijos, es, en cualquier parte, en el pasado y siempre, una de las facetas innegables de la maternidad, como también lo es –y de ello se ocupó asimismo este gran escritor en su conocida novela de largo aliento, La madre—,  enorgullecerse de los logros y buenas acciones de los seres que traemos al mundo.

En la novela en cuestión, Pelagia es la madre del líder obrero que provoca la manifestación del 1º. De mayo, antecedente de la Revolución Rusa. Ella encarna a la mujer del pueblo, ignorante, golpeada por un marido alcohólico, permanentemente temerosa. Gracias a las ideas revolucionarias y a los amigos de su hijo, no sólo aprende a leer y se interesa por el movimiento, sino que se convierte, de manera simbólica, en madre de todos y en la valerosa colaboradora que hace llegar la propaganda a las fábricas y el campo. Al final muere también, a golpes propinados por un agente zarista.

Esas madres idealizadas, trágicas y casi santas, son el fruto de la orfandad temprana de Máximo Gorki, quien, habiendo perdido al padre cuando tenía sólo cuatro años de edad, tuvo que soportar, junto con su progenitora, el ambiente infernal de la casa de los abuelos maternos. Vivió allí lo que él mismo calificó como una vida espesa, abigarrada, indescriptiblemente extraña. La recuerdo como un cuento terrible, bien relatado por un genio bueno, pero de una veracidad torturante... La casa del abuelo estaba llena del abrasador humo de la mutua inquina que se tenían todos.

La madre de Gorki (cuyo verdadero nombre era Aleksei Peshkov) falleció también pocos años más tarde, cuando el muchacho tenía diez años. Entonces el abuelo lo echó de casa y tuvo que ganarse la vida con los oficios más humildes. De esa existencia dura, llena de peligros y privaciones, surgieron personajes y situaciones que, gracias a su enorme talento, lo convertirían en una de las plumas inmortales de todos los tiempos.

No dejen de acercarse, amigos, a estas madres literarias, son lecturas imprescindibles.

jueves, mayo 05, 2022

EL MUSEO DE MALINALCO

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Los escritores vivimos soñando… y deseamos compartir dichos sueños, casi siempre a través de la palabra. Pero hubo un compañero de oficio, un maestro, que no se limitó a soñar por escrito: Luis Mario Shneider, enamorado de Malinalco, soñó con un museo que explicara la historia, la cosmovisión y el sentir de los habitantes del lugar que había elegido para pasar muchos años. Así que buscó la ubicación perfecta: en la esquina de las calles Amajac y Agustín Melgar, a unos pasos de la entrada a la zona arquelógica, y adquirió la propiedad que legaría, junto con sus demás bienes, a su querido pueblo.

Construido expresamente con un bellísimo proyecto de guion museográfico que se sustenta en la visión prehispánica del tiempo y el universo, el sueño de Luis Mario se hizo realidad poco después de su fallecimiento. Los especialistas de la Universidad Autónoma del Estado de México materializaron asombrosamente el objetivo del benefactor: el museo debería transmitir la filosofía de los antiguos pobladores, la historia del lugar y dar al visitante una visión integral, “a ojo de pájaro” de Malinalco: el medio ambiente, la flora y fauna, la historia, las tradiciones, las costumbres de sus habitantes. Así, en un recorrido de media hora, se obtiene una idea global del lugar y, se los aseguro, se sale del museo con una lista de deseos para continuar visitando y explorando el pueblo y sus alrededores.

El plato fuerte de estas salas de exhibición es la copia, en una escala de 1 a 1, del imponente templo monolítico que hace de Malinalco un lugar único en el mundo. Excavado en la montaña, simula las enormes fauces abiertas de un Cipactli, el Monstruo de la Tierra. Allí, de acuerdo con los especialistas, se llevaba a cabo la ceremonia de graduación de los guerreros mexicas de élite, los caballeros águila y tigre, después de completar un duro entrenamiento y aprobar los exámenes de aptitud.

A diferencia del templo original, en la cumbre del llamado Cerro de los ídolos o Texcaltepec, en el museo sí se puede entrar al templo, es decir, a las fauces del Cipactli, una experiencia fascinante, en especial para los pequeños.

En verdad, vale la pena acercarse a este sitio y hacerlo caminando desde el centro del pueblo, para disfrutar de las callecitas por donde se llega a él, pasar frente a la hermosa capilla de Santa Mónica, con su fachada azul añil. Luego, ya dueños del preámbulo informativo, es momento de iniciar el ascenso al Texcaltepec, visitar el convento agustino, merodear por los barrios y sus callejuelas, o emprender alguna ruta de senderismo.

Yo recomiendo siempre a quienes visitan Malinalco, comenzar por el museo, introducirse al sueño de Luis Mario Shneider. Les aseguro que no se arrepentirán.

jueves, abril 28, 2022

ERNEST HEMINGWAY

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Entre los escritores galardonados con el Premio Nobel, uno que, sin duda, parece personaje de novela, es el norteamericano Ernest Hemingway. Hijo de un médico de Virginia y con seis hermanos, Ernest practicó un sinfín de actividades durante su vida. Adquirió del padre el gusto por la caza y la pesca, practicó todo tipo de deportes y aprendió música, que era la afición de su madre. Boxeaba lo mismo que tocaba el violoncello. Trabajó como reportero y se negó a asistir a la Universidad, a pesar de su clara inteligencia y sus incontables habilidades. Pero el espíritu inquieto, indómito de Hemingway necesitaba acción y libertad. Para saciar la primera, se enlistó en el Cuerpo de Expedición Americano, para ir a la Gran Guerra europea. Como tenía un defecto en un ojo, fue admitido solamente como conductor de ambulancias de la Cruz Roja. Llegó a Francia a finales de mayo de 1918, para marchar a Italia. Unas cuantas semanas más tarde fue herido de gravedad por la artillería austriaca. Con las piernas heridas y una rodilla rota, fue capaz de cargarse a hombros a un soldado italiano para ponerlo a salvo. La heroicidad le valió el reconocimiento del gobierno italiano con la Medalla de Plata al Valor. Estuvo a punto de perder la pierna de no mediar la intervención de una enfermera, Agnes Von Kurowsky, de quien se enamoró locamente. La guerra y el destino se interpuso entre ellos y nunca se casaron, pero Ernest quedó marcado para siempre por ese amor. Esa romántica historia ha sido llevada al cine y se exhibió aquí bajo el título de Pasión de Guerra, una cinta que seguramente recordarán.

Volvió a los Estados Unidos donde permaneció poco tiempo, trabajando como reportero. Se casó con Elisabeth Hadley con quien se mudó a París, para tratar de vivir como escritor y, con ello, saciar su ansia de libertad. En París se relacionó con los miembros de la llamada Generación Perdida: Gertrude Stein, Ezra Pound y F. Scott Fitzgerald entre otros, y también con James Joyce. La familia Hemingway vivía en un apartamento modesto, aunque en cartas a sus familiares fanfarroneaba diciendo que habitaban en la mejor zona del Barrio Latino. Como para la mayoría, sus comienzos literarios no fueron nada fáciles. Los primeros trabajos pasaron inadvertidos. Ernest se ganaba la vida como corresponsal viajando por toda Europa. En días de extrema necesidad llegó a emplearse como sparring para boxeadores e incluso cazaba palomas en los Jardines de Luxemburgo cuando sacaba a pasear a su hijo, para alimentarse con ellas. Por fin, en 1925, con la novela Fiesta, saltó a la fama y comenzó a vender muy bien sus obras en Estados Unidos queenviaba desde España, a donde se había mudado.

De nuevo participó en dos guerras: la Guerra Civil española, del lado de los republicanos o “rojos”, y en la Segunda Guerra Mundial, como patrulla y luego como corresponsal de guerra.

Tras esos años turbulentos se estableció en Cuba, donde escribió varias de sus obras inmortales, entre ellas la fascinante novela El viejo y el mar, que le valió el Premio Pullitzer en 1953, obra que también ha sido llevada al cine, magistralmente interpretada por Anthony Quinn. Un año después se le otorgó el Nobel de Literatura por el conjunto de su vasta y deslumbrante obra.

Pero este hombre asombroso tenía un lado oscuro: era depresivo y había caído en el alcoholismo. En 1961 le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer. A los pocos días, estando ebrio, se disparó con una escopeta. Aunque no dejó nota suicida y hay quienes piensan que pudo ser un accidente, se asume generalmente que se disparó deliberadamente para acabar con su vida.

Les recomiendo ampliamente la novela Adiós Hemingway, del cubano Leonardo Padura, una entretenida manera de acercarse a este grande de las letras a través de otro tremendo autor contemporáneo.

jueves, abril 21, 2022

LA NOVELA HISTÓRICA: JUEGO DE ESPEJOS

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Un tema que me apasiona, tanto que a ello dedico la mayor parte de mi tiempo, es la novela histórica. Este género, relegado hace años a las bibliotecas de los intelectuales, hoy es uno de los que más ventas producen a editores y libreros.  También atrae a más y más plumas, autores que utilizamos la historia como tema principal de su obra o, a veces, sólo como pretexto para hablar del tiempo en que vivimos y de nuestros fantasmas y obsesiones personales.  

          ¿A qué se deberá esta proliferación de obras surgidas de momentos, inspiradas en personajes históricos? ¿Qué tan fiel a la historia es y debe ser una narración de este tipo?

          Una novela encierra en sí misma un universo: personajes, ambientación, lenguaje, tiempo, argumento, conflictos, reflexiones. A través de estos múltiples y complejos elementos, el escritor plasma una concepción de la vida, siempre desde la visión del arte, desde la consecución y búsqueda de la belleza. 

          El novelista que saca, por decirlo así, elementos de la Historia, se apropia de ellos para hacerlos parte de ese universo que es su creación. En ese momento los desliga de la fidelidad histórica (cuestión que muchos historiadores no le perdonan), y los somete a las reglas internas de su narración, reglas impuestas por el escritor, el artista cuyos fines, decíamos, son estéticos. 

Sin embargo, lo maravilloso de la novela, desde el punto de vista del autor, es que se trata de un espacio al que le cabe todo, puede combinar ese objetivo estético con otros, como la denuncia social y política, sus ideas sobre una posible mejor realidad, presente, pasada o futura, su análisis psicológico de los personajes históricos y de los ficcionales, que algunas veces (¡qué coincidencia!) se parecen a alguien en su realidad.

Dice la doctora Maricruz Castro Ricalde en su libro Ficción, narración y polifonía, “El caso de los mundos de ficción, en relación con los mundos posibles y la verdad, es el extremo a lo que puede conducir la imaginación.  Entre los mundos posibles, hay algunos más cercanos a la realidad y otros que se tocan con la ficción”.  Mario Vargas Llosa, en sus Cartas a un joven novelista, apunta: “La ficción es una mentira que encubre una profunda verdad; ella es la vida que no fue, la que los hombres y mujeres de una época dada quisieron tener y no tuvieron y por eso debieron inventarla. Ella no es un retrato de la Historia, más bien su contracarátula o reverso, aquello que no sucedió, y precisamente por ello debió de ser creado por la imaginación y las palabras…”.

          La novela histórica, entonces, no es “la Historia” pero ¡cómo se parece a ella! Se da este nombre a aquellas narraciones donde los sucesos históricos determinan el argumento, le proporcionan gran parte del trasfondo; es decir, su acción se ubica predominantemente en el pasado.

          Paralelamente (o como una parte del mismo) al llamado boom de la literatura latinoamericana, surge en nuestros países lo que algunos especialistas como Ángel Rama, Seymour Menton, José Emilio Pacheco, bautizaron en 1979 como “La nueva nueva novela histórica”. A través de ella los escritores latinoamericanos, enfocados más hacia los problemas sociohistóricos que psicológicos, buscan las claves para comprender el mundo actual. Haciendo eco al llamado de Fernando del Paso en la Revista de Bellas Artes en 1983, los novelistas latinoamericanos (Fuentes, Vargas Llosa, Silvano Santiago, Sergio Ramírez, Herminio Martínez, Ignacio Solares, por mencionar a los más conocidos), “asaltan las versiones oficiales de la historia”.

          Como las demás obras del boom, la nueva nueva novela histórica se caracteriza (de acuerdo con Seymour Menton) por su afán muralístico o totalizante, experimentación estructural y lingüística, erotismo exuberante e intertextualización.

          A pesar de sus reticencias, los historiadores (unos más que otros), se han reconciliado con la novela histórica, y, haciendo notar sus salvedades, muchos maestros de Historia sugieren a sus alumnos acercarse a “la Historia dura”, a través de este género literario. Porque han reconocido, como dice Bill Buford, que “la buena literatura narrativa es un acto de seducción: su objetivo es excitar.  Excita la curiosidad, interés, expectativas”. Que es, sin duda, una buena herramienta para acercar a los lectores a su materia, muchas veces árida y difícil de comprender, para despertarles el deseo de saber más. 

          Ahora bien, ¿es esta nueva “nueva novela histórica” todavía el cajón donde se deben clasificar las obras de quienes seguimos escribiendo ficción a partir de la Historia?  Porque los 80 ya resultan lejanos… No tengo la respuesta, se queda, como siempre, en manos de los teóricos.

          Pero más allá de clasificaciones, les recomiendo acercarse a este género que resulta siempre apasionante.

jueves, abril 14, 2022

LECTORES LIBRES

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DE LIBROS Y OTROS PLACERES

Siempre que convivo con jóvenes, les pregunto qué es para ellos la lectura. Porque si bien los pesimistas dicen que ya no existen los lectores entre las nuevas generaciones, yo creo lo contrario: los jóvenes leen todo el tiempo; leen la pantalla de la computadora, leen revistas, leen los subtítulos en el cine, leen los espectaculares en la calle, leen los mensajes de texto en su celular… en otras palabras, leen lo que les interesa.

No leen La Ilíada cuando los obliga su maestro, y se fusilan el reporte de algún amigo o de la Internet. Se niegan a leer por obligación. Pero por desgracia, muchos de ellos no han encontrado el mejor platillo de la lectura: el libro, este objeto que puedes traer en la bolsa, leer cinco minutos o cinco horas seguidas, en casa o en la calle, despacio o rápido, en orden o en desorden. Muchos se han perdido de esa gran experiencia que es tan satisfactoria, se los aseguro, como un romance apasionado. Así lo expresa Alberto Ruy Sánchez, un escritor mexicano: “Descubrí que leer era conocer una dimensión de la vida tan intensa como enamorarse”. Algo así, parecido al amor que implica intimidad, entendimiento y posesión, es lo que me han dicho algunos jóvenes a quienes, como decía, pregunté sobre su experiencia como lectores. Aquí algunas de sus sorprendentes respuestas:

“Prefiero un libro a una película porque lo siento mío, yo nunca digo ‘mi peli’ aunque la tenga en una cajita, pero sí pregunto por MI libro, porque mientras lo estoy leyendo, es sólo mío, sólo a mí me lleva al mundo imaginario que construimos entre él y yo”.

“Me gustan los libros porque duran más que la película, estás más tiempo en esa historia padre y la construyes como a ti te viene en mente”.

“Cuando leo me siento parte de la historia, estoy ahí, como un personaje”.

“Casi me muero cuando vi Harry Potter en el cine: era horrible y no se parecía nada al Harry Potter de mi libro”.

“Yo leo poco, sólo lo que me atrapa y me gusta mucho”, me confesó otro.

Así, las opiniones de los jóvenes no son tan diferentes a las de los escritores, esos aliens que les parecían tan distantes. 

Como miembro de la población adulta quiero pedir disculpas a los jóvenes por permitir que los vacunen contra la literatura, que los alejen de esas maravillosas experiencias, comparables al placer erótico, al obligarlos a leer lo que no va con sus intereses ni con su espíritu. Porque, les aseguro, no hay otra manera de ampliar la vida, sacarle jugo a nuestra breve y limitada estancia en este mundo que la lectura; existencia limitada por el tiempo, por el espacio, por la sociedad y los recursos.  Sólo leyendo podemos vivir varias vidas en una y eso nos hará más plenos, más felices y tan libres como es posible.

Y hablando de libertad, los invito a defender estos principios, que Daniel Pennac llamó los Derechos imprescriptibles del lector:

1.          El derecho a no leer

2.          El derecho a saltarse las páginas

3.          El derecho a no terminar un libro

4.          El derecho a releer

5.          El derecho a leer cualquier cosa

6.          El derecho al bovarismo (es decir, a tener un mundo ideal, siempre mejor a la realidad)

7.          El derecho a leer en cualquier parte

8.          El derecho a picotear

9.          El derecho a leer en voz alta

10.       El derecho a callarnos [o sea, seguir leyendo en silencio y, agrego yo, “mudarnos” por un rato a la realidad alterna a que nos invita la lectura]

 

Soñar...

Mi mayor placer es soñar. Soñar dormida y más, despierta. Dejar volar la imaginación y tratar de convertir esos sueños en palabras.

EL NIÑO BENITO JUÁREZ

--> DE LIBROS Y OTROS PLACERES Un personaje que no debemos olvidar, por su importantísimo legado a la formación de este país, es...